En una época de incertidumbre, guerras y lucha por los territorios se hace imprescindible la construcción de edificios seguros que permitan controlar y mantener el poder. La erección de castillos, torres y murallas fue un fenómeno generalizado en toda Europa en los siglos X al XV, cuando todavía no había entrado en juego la pólvora y las armas de fuego.

Aragón, un reino en formación a finales del siglo X y principios del XI, necesitaba proteger sus fronteras contra las razzias o ataques musulmanes y contra las agresiones de otros reinos, además de asegurar los territorios conquistados. La línea defensiva que se creó, en la zona conocida como Extremadura de los Arbas, permitía controlar las vías de comunicación y el acceso a los valles, manteniendo seguras las fronteras del incipiente reino. Las fortificaciones de Biel, Luesia, Sibirana y Uncastillo formaron una franja defensiva que permitió proteger el territorio de Aragón, fundamentalmente los caminos de norte a sur que seguían el curso de los ríos: el Arba hacia el valle de Onsella y el río Aragón. La posición estratégica de las Cinco Villas, entre Navarra, el Ebro y Huesca, determinó la construcción en sus pueblos y altozanos de abundantes castillos, recios, fuertes, de buena calidad.

Sobre el río Arba de Luesia, dominando las vías de comunicación, se halla el castillo de Luesia. Posee una estructura típicamente defensiva, de aspecto sobrio, carente de decoración, pues es un edificio sencillamente funcional. Es obra del siglo XI, de la época de Sancho III el Mayor, y se convirtió en la principal fortaleza de la extremadura.

 

 

Como casi todos los castillos de esta época, se ubica en un cerro muy escarpado para facilitar su defensa: la erección de estos edificios en alto sobre roquedos, cerros, etc. evitaba que el enemigo construyera túneles para derribar los muros creando grietas por donde poder penetrar; también impedía el uso de bastidas –torres de madera móviles– o catapultas. De forma alargada y estrecha, el cerro está protegido por la torre y un muro que rodea el escarpe. Su aspecto actual es diferente al que tuvo en origen, ya que en el XVI, siendo su dueño el arzobispo Hernando de Aragón, se remodeló adecuándolo a una función residencial.

 

 

Es un castillo de los llamados “de torre y recinto”, aunque en este caso hay dos recintos a diferentes alturas. Tiene una esbelta torre pentagonal de sillería en el lado noreste del cerro, cuya planta se adapta al terreno, aunque por el interior se ha regularizado para un mayor aprovechamiento.

 

 

 

En estos castillos no habitaba el noble encargado de su mantenimiento, sino generalmente una pequeña guarnición; o incluso se encomendaba su defensa a infantes o gente con escaso armamento, ya que las fortificaciones eran casi inexpugnables. Para aumentar la protección, la puerta se situaba en alto y se accedía a ella con escaleras portátiles. Luesia posee actualmente dos entradas orientadas al oeste, una en arco de medio punto, realizada en la remodelación del siglo XVI y que está parcialmente soterrada, y la original del castillo encima de ella: también en arco de medio punto, se cerraba con dos hojas batientes de madera y una tranca en el muro, y estaba protegida por dos saeteras, vanos estrechos y alargados desde se podía disparar con arco o ballesta, pues al interior eran más anchos. Los accesos parecen haber estado protegidos por una cubierta a dos aguas.

 

El interior de la torre se distribuía en cuatro pisos rectangulares de unos 22 m2, como demuestran los entallamientos para el soporte de las vigas de madera del suelo. De abajo arriba se situaban el almacén, actualmente soterrado, la estancia correspondiente a la puerta, una tercera de habitáculo y, finalmente, otra para la defensa. Los pisos se comunicarían entre sí por trampillas y escaleras fijas de madera, como se puede apreciar en el cercano castillo de Sibirana. Generalmente estas torres se remataban con ventanas y cadalsos, que en algunos casos llegaban a rodear todo el perímetro de la torre como en Obano (Luna). Las cubiertas no se han conservado y las estructuras inferiores de los vanos se han ido deteriorando, por lo que el aspecto que muestran actualmente es el de torres almenadas. Las techumbres solían ser de madera y se colocaban directamente sobre los vanos de la falsa.

 

 

Como característica propia de los castillos aragoneses hay que señalar que esta tipología solía estar acompañada de una Iglesia, en este caso la Iglesia del Salvador, que completaba la defensa del recinto por el lado sur, con sus tres ábsides semicirculares. Al igual que el castillo, en el siglo XVI fue remodelada para aumentar su altura.

 

 

A pesar de que en un principio, tras la reconquista, todos los castillos pertenecían al rey, fueron entregados para su custodia a distintos nobles o señores, a través de las llamadas tenencias, que no tenían carácter hereditario. Luesia llegó a tener 19 tenentes. Con el tiempo se fueron vendiendo o intercambiando, como ocurrió con éste, que en 1247 fue empeñado por Jaime I a cambio de unas alquerías en Mallorca. El sistema de tenencias continuó durante el periodo de la reconquista, hasta fines del XII.

 

 

Fotos: Santiago Cabello (Archivo DPZ) y SIPCA
Planta: Cristóbal Guitart
Dibujo reconstrucción ideal: Juan José Borque

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