A pesar de que los orígenes del castillo de Mesones de Isuela no están claros, se asocian a la Orden Militar del Temple: consta su donación por Sancha Abiego en 1175 a estos frailes guerreros, y en poder del Temple permaneció el edificio hasta la disolución de la orden por el decreto de Clemente V en 1312. La estructura actual del edificio responde a la construcción realizada por el arzobispo de Zaragoza Lope Fernández de Luna, como corrobora la presencia de su escudo de armas en ménsulas, claves de bóveda y arcos de la fortificación.

El arzobispo (1352-1382), cabeza principal de una de las familias más importantes de Aragón y gran mecenas de las artes, fue nombrado por Pedro IV capitán de la frontera de Calatayud durante la Guerra de los Dos Pedros, entre Aragón y Castilla. Es en esta época cuando se data la construcción del castillo de Mesones, dada la necesidad que tenía el reino hacia 1369 de reforzar sus fronteras. La fortaleza no se terminó de construir debido a la muerte del arzobispo. El abandono de las obras, sin embargo, ha favorecido la conservación de la estructura.

A partir del reinado de Jaime I (1212-1276), los conflictos bélicos en Aragón se desplazaron, junto con la frontera, hacia Valencia y Castilla. Las construcciones militares en esta época no solo experimentaron un cambio en su localización geográfica, que se concentró basicamente en las nuevas zonas fronterizas, sino también en sus características estructurales y de habitabilidad. Los nobles comienzan a vivir en las baronías, aunque aún eran vitalicias y pertenecían al rey. Su posesión a título hereditario supuso el afianzamiento de la nobleza, obispos y comendadores en los castillos: en este momento se fundieron la residencia palaciega con la fortaleza militar. Un momento clave en este proceso fue el del llamado Privilegio de la Unión (1283), cuando la nobleza consigue hacer hereditarios los honores concedidos por el rey. El episodio fue protagonizado por un grupo de diez o doce ricos hombres (los Luna, Heredia, Urrea, etc.) que trataron de monopolizar tales honores, sobre todo en las orillas del Ebro y del Jalón.

 

 

Al igual que el resto de las localidades vecinas, la villa de Mesones estuvo poblada fundamentalmente por musulmanes hasta 1610, fecha en que se decretó su expulsión. El castillo se ubica, por tanto, en un ambiente plenamente mudéjar. Sin embargo, la fortaleza no responde a la tipología que hacemos corresponder con este estilo, sino que es uno de los pocos ejemplos de castillo-palacio gótico de planta regular que existen en Aragón.

 

Características como su regularidad y unidad estructural o su construcción en piedra sillar lo convierten en una fortaleza casi única que, junto con la de Sádaba, se aparta del modelo habitual en Aragón e incluso en España. Pero también mantiene elementos que son una constante en la arquitectura militar aragonesa: bóvedas de cañón, arcos de medio punto, ménsulas, sistema de cubiertas...

 

 

A pesar de la evolución sufrida por estas fortalezas en diversos sentidos, la elección del tipo de emplazamiento no varía: todavía es una época incierta y de lucha, y se siguen eligiendo montículos elevados. La posición del castillo de Mesones, dominando el valle del Isuela y la Sierra de la Nava, permite el control estratégico de una amplia zona y la comunicación visual con otras fortalezas a través de las torres, mediante señales. Situadas a la distancia justa para verse unas desde otras, las torres solían formar sistemas complejos de vigilancia. La fortaleza de Mesones de Isuela estaba comunicada con los castillos de Tierga, Arándiga y Chodes.

 

La planta del conjunto, rectangular, está rodeada por seis torres circulares: cuatro en las esquinas y dos en el centro de los lados mayores. Se accede por el muro sur a través de una puerta de dos hojas protegida por una reja alojada en la parte superior del lienzo, que se bajaría por la noche y en caso de ataque.

 

 

En el interior, el espacio forma actualmente un gran patio de unos 3.000 m2, pero en origen debió de estar dividido en dos mediante un muro levantado entre las dos torres centrales, estableciendo una separación funcional entre la zona militar y la residencial.

 

El castillo está construido con sillares de piedra caliza perfectamente escuadrados, cuajados de signos lapidarios (en 127 variantes) que han permitido deducir que el edificio se levantó en una sola fase, sin pausas o parones en el tiempo. En las zonas más pobres del castillo, que corresponden básicamente a las de servicio doméstico del palacio, se usó mampostería.

 

 

Las construcciones militares se caracterizan por el grosor de sus muros, que se construían levantando dos paños de sillería paralelos y luego rellenando el hueco entre ambos con opus caementicium (cal, arena y cantos irregulares), lo que les confería una gran robustez. La parte militar en Mesones corresponde a su mitad oriental: posee un amplio patio de armas, espacio central rodeado por torres, en torno al cual se distribuyen las demás estancias: capilla, sala de recepciones, naves para acuartelamiento de la ropa, armería, etc. Hay que resaltar que el desnivel del terreno permitió construir unas mazmorras subterráneas bajo el patio: son dos grandes salas abovedadas separadas por un muro en el que abren tres arcos apuntados; su único acceso era un orificio abierto en una de las bóvedas, que va cubierto con una losa de piedra circular.

 

La mitad occidental es la de residencia palaciega o señorial, por lo que es ésta el área con mayor decoración. En torno a un patio, nuevamente, se sitúan las estancias: en el lado norte las domésticas, que son la cocina con cuatro chimeneas, el aljibe y en el sótano la bodega o las caballerizas. Algunos servicios funcionales, como los retretes, se duplican, y hay uno en cada parte del castillo, concretamente en las torres 1 y 5. En los otros dos lados del patio se encuentran las salas residenciales o nobles, de ahí la presencia de un fogón para caldear la estancia.

 

 

Ya hemos comentado que las seis torres son circulares al exterior. Todas tienen una caja de escaleras interna que da acceso tanto al subterráneo (en el caso de la torre 3) como a los pisos superiores o al adarve. Solamente una de ellas (la torre 4) está casi acabada, con unos 15 m de altura aproximadamente, lo que permite conocer cómo fue su remate, en terraza corrida rodeada de matacanes.

 

Las torres se organizan fundamentalmente en dos plantas, separadas por un piso de madera. Destaca la torre 2, que aloja una singular capilla y una cripta, y la torre 5 o del Homenaje que es la más grande (17 m de diámetro): se denominaba así porque en ella se practicaba la ceremonia del homenaje, en la cual el señor le entregaba al súbdito un feudo a cambio de ayuda y vasallaje. Era más alta que la muralla y el lugar más protegido contra posibles ataques, considerándose el último reducto defensivo; por eso, en ella se situaba el puesto de mando, se albergaban los víveres y era la residencia del señor. La de Mesones tiene una capilla a modo de oratorio particular, de planta rectangular, parcialmente excavada en el grueso muro y cubierta con crucería sencilla. En la clave aparece el escudo del arzobispo Don Lope.

 

 

 

Fotos: Santiago Cabello (Archivo DPZ) y SIPCA (Dolores Gracia y David Barcelona)
Plano: Cristóbal Guitart

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