La población de Illueca se encuentra en la Comarca del Aranda, a orillas del río del mismo nombre y en la Sierra de la Virgen, una de las cordilleras del Sistema Ibérico. A pesar de la antigüedad de su poblamiento, no aparece en la documentación, como Illicata o Illoca, hasta el siglo XIII.

Se sabe que, durante el siglo XI, estos territorios se encontraban bajo poder musulmán hasta que Alfonso I los conquistó hacia el 1119. Cuando Jaime II anexionó Mallorca al Reino en 1229 y convirtió en su ahijado al hijo del depuesto rey moro de la isla, donó al primero la baronía de Gotor. Jaime de Gotor, que así se llamó tras ser bautizado en la Seo de Zaragoza, casó con Eva de Alagón y  tuviron a Blasco que recibió de su abuelastro el señorío de Illueca, en 1263, a cambio de las heredades de su madre. 

El descendiente del reino de Mallorca consiguió estos territorios, de población mayoritariamente mudéjar, que experimentaron cambios y ampliaciones hasta mediados del siglo XIV. En este momento, María Pérez de Gotor sucede a su padre, Ximén Pérez de Gotor, a consecuencia de la falta de herederos masculinos. A partir de su matrimonio con Juan Martínez de Luna, señor de Almonacid, Illueca y su castillo pertenecerán a esta rama segundona de la casa navarra de los Luna.

Vista del castillo de Illueca

Vista del castillo sobre Illueca

 

La población de Illueca se encuentra en la Comarca del Aranda, a orillas del río del mismo nombre y en la Sierra de la Virgen, una de las cordilleras del Sistema Ibérico. A pesar de la antigüedad de su poblamiento, no aparece en la documentación, como Illicata o Illoca, hasta el siglo XIII.

Se sabe que, durante el siglo XI, estos territorios se encontraban bajo poder musulmán hasta que Alfonso I los conquistó hacia el 1119. Cuando Jaime I anexionó Mallorca al Reino en 1229 y convirtió en su ahijado al hijo del depuesto rey moro de la isla, donó al primero la baronía de Gotor. Jaime de Gotor, que así se llamó tras ser bautizado en la Seo de Zaragoza, casó con Eva de Alagón y  tuvieron a Blasco, que recibió de su abuelastro el señorío de Illueca en 1263 a cambio de las heredades de su madre. 

 

El descendiente del reino de Mallorca consiguió estos territorios, de población mayoritariamente mudéjar, que experimentaron cambios y ampliaciones hasta mediados del siglo XIV. En este momento, María Pérez de Gotor sucede a su padre, Ximén Pérez de Gotor, a consecuencia de la falta de herederos masculinos. A partir de su matrimonio con Juan Martínez de Luna, señor de Almonacid, Illueca y su castillo pertenecerán a esta rama segundona de la casa navarra de los Luna. Los dos vástagos que nacieron de esta unión fueron el heredero Juan y Pedro Martínez de Luna que, como segundón de familia nobiliaria, siguió la carrera eclesiástica, con tal éxito, que llegó a lo más alto al convertirse en el papa Benedicto XIII.

Planta primera del castillo

Primer piso del castillo. Abajo la sala del Mausoleo del papa Luna y la capilla que alberga su cráneo. El castillo-palacio de Illueca tiene una planta rectangular irregular de unos 65 por 20 metros, una de las más alargadas de Aragón. Todavía se distinguen, en el lado suroeste (parte derecha), el perímetro de dos torres y el de una tercera en el sureste. Además de la sala del Mausoleo, en este nivel se encuentran las instalaciones de la hospedería Castillo del papa Luna y las dependencias de los Servicios de la Comarca del Aranda. Planta según José E. Villuendas Salinas, El papa Luna y el castillo de Illueca

Planta II del castillo

Planta II del castillo. El hueco de la escalera era el antiguo patio del edificio. En esta planta se ubican la Sala Dorada, la Alcoba y el Salón de la Corona de Aragón además de las habitaciones de la hospedería. Planta según Jesús E. Viluendas Salinas, El papa Luna y el castillo de Illueca


Desde entonces y hasta 1665, la familia de los Luna dominará estas tierras, incrementándolas y aumentando su influencia. Dejaron huella en diversas localidades como en Borja (palacio de los Luna), en Mesones de Isuela e incluso en Zaragoza, donde otro Pedro Martínez de Luna, construyó la casa de los Luna o el palacio de los condes de Morata (actualmente la Audiencia Territorial) como se les empezó a conocer a partir de 1550.

 

Parece ser que la construcción del castillo se llevó a cabo en el siglo XIV, antes de que el papa Pedro de Luna viera la luz en uno de sus aposentos en 1328. De esta época son los primeros pisos y algunas de las habitaciones del ala sur, como la sala dorada y la alcoba, que la tradición identifica con el lugar donde nació el papa Luna. Sin embargo la decoración mudéjar de estas estancias se llevó a cabo por este mismo personaje a principios del siglo XV o finales del XIV. Es conocida la actividad a favor del arte y la cultura de Pedro Martínez de Luna así como su afición a la arquitectura y decoración mudéjar por lo que no es improbable pensar que contratara a su maestro de obras preferido, Mahoma Rami, para la ejecución de la ornamentación del palacio, a pesar de que no hay constancia documental de ello.

 

Aunque utilizado como residencia de los señores, debido a la posición fronteriza del edificio, éste esta concebido como enclave defensivo con torreones en torno a un patio central descubierto(posiblemente el patio de armas que ahora es un hueco de escalera), con una entrada en el muro norte desaparecida durante las obras del siglo XVII. Si bien no dispone de una planta regular, el de Illueca es uno más de la lista de castillos-palacios de Aragón que siguen este esquema, como el de Mesones de Isuela, Mora de Rubielos o Valderrobles.

 

Castillo-palacio de los Luna en Illueca. A la derecha, uno de los baluartes del siglo XVII

Castillo-palacio de los Luna en Illueca. A la derecha, uno de los baluartes del siglo XVII

 

 

A pesar de las reformas posteriores del siglo XVI y XVII se percibe la parte correspondiente a la obra de los siglos anteriores. De  los materiales que se utilizaron, como la mampostería para los muros, el ladrillo para las torres, los techos de madera policromada y yeserías en las portadas y frisos decorativos, se deduce la intervención de alarifes mudéjares en la edificación del castillo, hipótesis más que    probable por la numerosa población mudéjar de la zona.

El material predominante en la mampostería es una arenisca de color rojo llamada de Monroy por su lugar de origen,  y se utilizó  en el basamento, en la primera planta y en las torres que flanquean la puerta de entrada. Para mayor solidez, estas piedras se colocaron, bien escuadradas, en las esquinas del edificio. En la parte superior, la galería de arquillos del siglo XVI se superpuso al antiguo remate medieval del que no se conoce nada pero que posiblemente fuera almenado.

En la misma fachada se observan frisos de azulejería (práctica decorativa de carácter mudéjar muy extendida) y está revocada para disimular los distintos materiales que la conforman.

 

Los tres pisos del edificio se manifiestan a través de los tres niveles de ventanas adinteladas y generalmente pequeñas, exceptuando una pareja de vanos geminados y polilobulados góticos en la fachada sur.

A lo largo del tiempo muchas de las habitaciones del castillo han ido desapareciendo y actualmente quedan muy pocas que puedan visitarse y que tengan trascendencia artística e histórica. En la planta segunda se encuentran dos de las principales estancias del castillo que acondicionó Pedro Martínez de Luna: la sala dorada y la llamada alcoba.

 

Alfarje de la Sala Dorada

Techumbre de la sala dorada. El friso o arrocabe en relieve bajo el techo de madera se realizó en yeso policromado de rojo y azul y los motivos principales son los tondos que encierran rosetones, figuras vegetales, estrellas de David y, en el centro de los lados menores de la sala, las armas de los Luna

 

Las techumbres de las dos estancias son planas, de madera pero sólo la sala dorada conserva la policromía de vivos colores, ahora menos saturados, mientras que la de la alcoba es una reproducción que presenta las trazas de la pintura de algunas de sus vigas originales, reutilizadas durante el proceso.

Alfarje de la sala dorada

Detalle con policromia del friso de la Sala Dorada

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la izquierda, detalle del techo mudéjar de la sala dorada con pintura roja, azul y dorada. A la derecha, detalle de las yeserías del friso o arrocabe     

 

Detalle del friso con las armas de los Luna

Friso de yeserías policromadas del techo de la sala dorada. En el centro, las armas de los Luna

 

La sala dorada fue, probablemente, el salón de protocolos del castillo en el siglo XIV mientras que la tradicional alcoba del papa Luna se destinaría a ser biblioteca, despacho, oratorio o dormitorio (quizá todo a la vez) aunque, en este último caso, su proximidad a la sala de protocolo sería una ubicación fuera de lo común. Los materiales utilizados (madera, yeso y cerámica, ya que la sala dorada poseía un suelo de cerámica ya desaparecido) son de tradición mudéjar y a parte de otros motivos decorativos, aparecen frecuentemente las armas de los Luna de la rama de Illueca: escudo de gules con un creciente de plata ranversado y la punta del mismo en plata y a partir de su elección como pontífice, la tiara papal.

 

Viga de la sala de los Luna con las armas de los Luna

 

Vista de la Sala Dorada

 

 Detalle de la techumbre y friso de la alcoba

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

Habitación de la alcoba. La reproducción del techo carece de policromía pero hay algunas vigas (como la de la derecha) que son originales y conservan sus pinturas

 

A mediados del siglo XVI, Pedro Martínez de Luna comenzó una remodelación del castillo-palacio en función de los requerimientos de la época. El edificio debía adquirir la apariencia de un moderno palacio renacentista italiano a semejanza del de los condes de Morata en Zaragoza y al nivel de relevancia de la familia de los Luna en el panorama político del reino.

Para ello se intentó homogeneizar el exterior de la residencia erigiendo un pasillo de ocho metros de

ancho de oeste a este y cambiando la puerta de acceso del lado norte al muro situado entre las dos torres en la parte sur del palacio, todo ello para magnificar la composición de la fachada frente a las casas de la villa. También, en este momento, se superpuso la galería de arquillos de medio punto en ladrillo, típica de los palacios renacentistas aragoneses.

 

Sala del Mausoleo

El Mausoleo. A la derecha la capilla introducida en una parte de la torre que flanquea la fachada; la parte superior de la puerta muestra las armas del papa Luna (se añaden las llaves de San Pedro) y sobre ellas la tiara papal.  A la izquierda la portada renacentista realizada en alabastro, enmarcada por dos columnas que sostienen un tímpano y con una arquivolta decorada con roleos y  elementos vegetales

 

La sala del Mausoleo, en el primer piso, es la primera estancia donde se accede desde la escalera de entrada. Esta escalera se cubre con bóvedas de cañón y crucería y esta parcialmente excavada en la roca. Al subir nos encontramos con el Mausoleo habilitado en la reforma del XVI. Su techumbre plana configura un artesonado compuesto por viguerías y revoltones (pequeñas bóvedas de yeso alternadas con vigas de madera) sin decoración. Lo más remarcable de esta sala es la pequeña capilla que alberga la reproducción del cráneo del papa Luna, arrancado de su cadáver a principios del siglo XVIII durante la Guerra de Sucesión, y que forma parte de las reformas del siglo XVII al igual que su puerta de acceso. Es de planta circular y su interior está cubierta con cúpula de yeserías formando motivos de diamantes con formas curvas entrelazadas. También es una obra interesante la puerta renacentista de carácter norte-italiano y una temprana muestra del repertorio renacentista aragonés. Por último del siglo XVI data el vestíbulo o antesala de la sala dorada y de la alcoba al que se accede por tres arcos de medio punto y cuyo artesonado es una obra moderna (excepto cuatro ménsulas de piedra) que reproduce la que existió, formada por casetones que tienen en su interior formas octogonales.

Fachada principal con la puerta de entrada

La reforma del siglo XVII se llevó a cabo por el marqués de Villaverde, personaje de clase media que compró a Ana Polonia Martínez de Luna el título con todos los señoríos y propiedades. Esta venta no gustó a la nobleza que aprovechó las quejas de la antigua señora, por no haber cumplido el marqués las condiciones del contrato, para apoyar un pleito contra el intruso. Como nuevo miembro de la nobleza, el marqués de Villaverde, Francisco Sanz y Cortés, quiso remedar a sus iguales acometiendo una nueva reforma del castillo-palacio, de carácter principalmente simbólico, para dar a conocer y consolidar su nueva situación. Entre estas remodelaciones se encuentra la construcción de una plaza, delante de la puerta de entrada, con antepecho y dos baluartes de planta pentagonal en las esquinas, elementos defensivos para la ubicación de artillería. El hecho de que esta fortaleza-residencia fuera interior y sus baluartes y defensas se construyeran en un periodo tan tardío, además de dejar desguarnecidas varias partes del palacio, muestra el deseo de ostentación de su amo que vuelve a recurrir a la fachada para demostrar su posición ya que también renueva la puerta de acceso al castillo.

La portada fue realizada por Juan de Marca, partícipe del diseño urbanístico de Chodes, en alabastro y piedra negra de Calatorao.

Por otra parte el marqués cubrió el patio medieval, del que sólo quedó un arco carpanel con yeserías góticas que se abría al patio desde la sala dorada, con una cúpula sobre pechinas. Dispuso de una linterna para iluminar la escalera actual, usando para todo ello ladrillo y aljez. También sobreelevó las torres cilíndricas de la fachada principal según el modelo mudéjar establecido en el XIV y uniformó las distintas alturas del palacio mediante el levantamiento de un rafe o alero de ladrillo en forma de cornisa, alrededor del castillo. Las torres de las esquinas se remataron con cúpulas de pizarras de colores, veletas, cruces y bolas de bronce, pero todo ello ha desaparecido.

La reforma del siglo XVI y la del XVII mantuvieron el aspecto y los materiales que caracterizaban y caracterizan el paisaje arquitectónico mudéjar de la zona.

 

Fotografía: Santiago Cabello, archivo de la D.P.Z.

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