Torre de los condes de Bureta (Pleitas)

La pequeña localidad de Pleitas está situada en la margen izquierda del río Jalón. Fue fundada por los musulmanes con el nombre de Baltas, pero en los documentos de mediados del siglo XII aparece ya nombrada Pleitas. Tras la conquista cristiana quedó como villa de señorío hasta que a mediados del siglo XIII fue donada, con su castillo, a la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén, integrándose en la encomienda de Zaragoza. La Orden obtuvo la posesión de numerosos bienes y derechos en la localidad, además de la facultad de impartir justicia. La vinculación entre la villa y los hospitalarios continuó hasta la Desamortización, en la primera mitad del XIX.

Tras la conquista cristiana, al igual que ocurrió en otras muchas localidades aragonesas, la comunidad musulmana de Pleitas no desapareció. La aljama islámica se mantuvo hasta la expulsión de los moriscos ordenada por Felipe III en 1610, tras lo que quedó prácticamente despoblado el municipio. Obligados a convertirse al cristianismo en 1526, los moriscos protagonizaron una rebelión en Pleitas en 1589, que acabó siendo sofocada por el ejército real.

 

En el siglo XV la villa pasó a pertenecer al señorío de los López de Villanueva y posteriormente fue heredada por los Fernández de Heredia, Condes de Bureta.

 

Por su ubicación en la vega del Jalón, Pleitas tiene un carácter eminentemente agrícola. Fue zona de cultivo de cereal pero en su economía también jugó un importante papel el regadío, como demuestran las disputas y litigios habidos sobre derechos de uso del agua del azud y la acequia de la localidad. Actualmente sigue en vigor una sentencia arbitral de 1626 relativa a este tema.

 

La torre de señorío de Pleitas, de estilo mudéjar, se levanta sobre un pequeño altozano en el centro de la población, dominando la huerta. El estudio de la cimentación demuestra que originariamente fue una torre de alquería (explotación agrícola) de época emiral, datada entre finales del siglo IX y principios del X. En Aragón se conserva una importante concentración de torres de alquería en la comarca de Borja y en el valle del Jalón. Estas torres se ubicaban invariablemente en la vega de los ríos, aunque no siempre en llano. Se construían de sillería o bien con la base de sillería y el alzado de tapial. Las características de su situación y el hecho de estar alejadas de las zonas de frontera dejan patente el hecho de que, además de la función defensiva y de vigía contra ataques enemigos, debieron de tener otras como la recaudatoria y de refugio para la población rural dispersa.

 

 

La torre fortificada es de planta rectangular, de 13 x 6 m, con orientación norte-sur, y presenta dos fases constructivas. La primera se corresponde con la cimentación y el primer tramo de la torre, construido con sillares de yeso (hoy muy erosionados) dispuestos a soga y tizón, aunque a intervalos no regulares. Su fábrica sigue los rasgos característicos de los aparejos de las edificaciones militares de la Marca o Frontera Superior de Al-Ándalus: sillares bien tallados, organizados en hiladas regulares, de alturas bien definidas y habitualmente almohadillados. A esta primera etapa corresponden unos 7 m de altura en la torre. Para su protección, la puerta de acceso tenía que estar en alto, por encima de los sillares que hoy se conservan. La entrada actual es un arco apuntado de ladrillo al que se llega a través de una rampa, aunque era más habitual que fuese por medio de una escalera adosada al muro.

 

Las características de su construcción han llevado a la conclusión de que estas torres de alquería fueron erigidas por constructores especializados, que seguían un patrón normalizado que usaba los mismos elementos. El elevado coste que forzosamente tenían estos edificios sugiere la hipótesis de que fueran financiados por personas de elevada posición económica y de poder en la zona, aunque todavía no se puede saber si se trató de una iniciativa del Estado o, lo que es más probable, de las autoridades locales.

 

La segunda etapa constructiva de este edificio, datada en la segunda mitad del siglo XIV, lo convierte en un ejemplo único de torre de señorío de estilo mudéjar. Sobre la base islámica de sillares se construyo en ladrillo macizo una torre distribuida internamente en tres pisos: la planta baja hacía las funciones de cárcel y estaba cubierta con bóveda de cañón, mientras que los otros dos pisos, esto es, la planta noble y el ático, se cerraban con bóveda cañón apuntado. Las estancias se iluminaban mediante vanos apuntados que descargaban en otros rebajados, elemento característico de las construcciones militares. En una de estas ventanas se conservan restos de la única decoración de la torre, a base de tracerías en yeso.

 

 

La torre tuvo hasta finales del siglo XX un remate con seis buhardas o ladroneras, a modo de balcones volados de ladrillo, apoyadas sobre ménsulas escalonadas y ligadas con un falso arco, que actualmente han desaparecido. En Pleitas está documentada la existencia de una en cada esquina de la torre y otras dos en el centro de los lados mayores, pero en los años 70 del siglo XX se demolieron parcialmente los dos pisos superiores, lo que significó la pérdida del remate.También se ha perdido la cubierta de tejado, a dos aguas.

 

Fotos: Santiago Cabello (Archivo DPZ)

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