Miedes de Aragón se encuentra a pocos kilómetros de Calatayud, en la ribera del Perejiles, afluente del Jalón. Siguiendo la carretera, la población escala hasta la cima de un monte a 758 metros de altitud mientras algunas de las viviendas se mimetizan bajo las rocas en forma de cuevas. Arriba se distingue la torre del Reloj que , en la actualidad, hace las veces del campanario de la iglesia parroquial, situada al otro lado de la acera.

La torre parece desafíar los usos de la comarca al erigirse con piedra sillar perfectamente escuadrada en vez de mamposteria y ladrillo y, por si fuera poco, el cuerpo del campanario, siguiendo el propio esquema de la torre, la engalana con sus arcos con molduras y traceria gótica.

Matacanes

 

Miedes de Aragón se encuentra a pocos kilómetros de Calatayud, en la ribera del Perejiles, afluente del Jalón. Siguiendo la carretera, la población escala hasta la cima de un monte a 758 metros de altitud mientras algunas de las viviendas se mimetizan bajo las rocas en forma de cuevas. Arriba se distingue la torre del Reloj que, en la actualidad, hace las veces del campanario de la iglesia parroquial, situada al otro lado de la acera.

Torre del Reloj

 

La torre parece desafiar los usos de la comarca al erigirse con piedra sillar perfectamente escuadrada en vez de mampostería y ladrillo y, por si fuera poco, el cuerpo del campanario, siguiendo el propio esquema de la torre, la engalana con sus arcos con molduras y tracería gótica.

 

Parece ser que la villa poseía un castillo de origen musulmán conquistado por Alfonso I en 1120 y del que se conocen pocas noticias hasta que en 1362, durante la Guerra de los dos Pedros, fue atacado por los castellanos y defendido por el conde de Osona que finalmente perdió la plaza. La fortaleza fue perdiendo importancia hasta que, ya en el siglo XVII, quedaban pocos vestigios de ella.

 

La torre fortificada que, probablemente, pertenecía al recinto del castillo, fue levantada en el siglo XIV con piedra de sillería y rematada con una hilera de matacanes corridos sobre arcos apuntados góticos con el intradós trilobulado.

 

Tras perder su carácter defensivo, se aprovechó como torre de campanario, añadiéndole un cuerpo con ventanales góticos cubierto con tejado a cuatro vertientes que conserva, en las esquinas, gárgolas de desagüe.

 

Todos estos elementos la convierten en un exótico ejemplar de gótico clásico en una tierra, la Comarca de Calatayud, caracterizada por la abundancia de construcciones mudéjares.

 

 

 

Fotografía: Santiago Cabello

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