La cerámica ha sido una de las artes decorativas más importantes en la historia de la provincia de Zaragoza. Entre las expresiones cerámicas de los distintos pueblos que han habitado estas tierras, la más brillante, extensa y duradera fue la islámica, importada desde Oriente a través de los musulmanes que dominaron la Península Ibérica y perpetuada por los llamados mudéjares desde el siglo XIII.

 

Tras la toma de los territorios islámicos por parte de los cristianos, los musulmanes que permanecieron fueron asimilados por la nueva sociedad convirtiéndose en un sector económico dependiente de las nuevas jerarquías cristianas que en el caso de Muel fueron los señores de Luna y más tarde los marqueses de Camarasa. A este grupo se les denominó mudéjares (del árabe mudayyan que significa sometidos o los que se quedaron) que siguieron conservando su religión, cultura y costumbres, teniendo un estatus jurídico propio.

 

   La comunidad mudéjar en la provincia era extensa y se ocupaba en distintos ámbitos económicos como la agricultura, la navegación fluvial y sobre todo de los oficios artesanos entre los que se encontraban los alfareros que monopolizaron, casi en su totalidad, la cerámica obrada en Aragón entre los siglos XIII y XVII. Estos seguían las técnicas, colores y motivos característicos de la moda islámica oriental a finales del siglo VIII o principios del IX, fusionadas con otras decoraciones de carácter cristiano, góticas y renacentistas, de cuya hibridación nace el arte mudéjar.

 

   Entre los núcleos más prolíficos de producción de cerámica mudéjar en la actual provincia se encontraban los alfares de Calatayud y Villafeliche, pero la población de Muel, situada actualmente en la Comarca de Campo de Cariñena, se convirtió en uno de los principales centros de fabricación cerámica mudéjar de Aragón desde finales del siglo XIV o principios del XV hasta el siglo XX.

Azulejo, fines del siglo XIV- principios del XV. Museo Etnográfico de Muel

Azulejo epigráfico donde se lee al-Mulk (el poder), inicio de la frase el poder es de Dios

Finales del siglo XIV o principios del XV. Museo Etnológico de Muel.

 

Durante este periodo la obra cerámica evoluciona según las modas de la época. Sin embargo en su desarrollo hay dos etapas bien diferenciadas cuyo hito cronológico fue el año 1610. En esa fecha se llevó a cabo la expulsión de los moriscos (mudéjares que prefirieron quedarse y bautizarse en vez de ser expulsados en 1526) y con ella se concluirá la desaparición total de un grupo social dedicado a esta tradición decorativa. A partir de ese momento se produjo un colapso en el mercado de la cerámica teniendo que repoblar la zona con gente de diversos lugares. Ellos tomarán el relevo de la fabricación cerámica desde ese momento e iniciarán la segunda etapa de producción, manteniendo las técnicas y amoldándose a las nuevas tipologías y modas europeas.

Los primeros obradores mudéjares de Muel estuvieron situados junto al río Huerva, dentro del recinto amurallado y cerca de la actual parroquial. Sus alfares destacaron en dos especialidades: la vajilla (con aplicaciones domésticas, religiosas, farmacéuticas e higiénicas e incluso funerarias, ya que se fabricaban lápidas) y la azulejería, de la que sobresalen los suelos, los revestimientos y decoración de edificios religiosos y civiles.

 

Los tipos de decoración de las vajillas siguen los de la cerámica andalusí y por tanto la derivada de los centros de Oriente (en la actualidad Irán e Irak): se realizan dibujos rápidos, abstracciones y formas simplificadas con ritmos de repetición y alternancia que rellenan el fondo de la pieza (a causa del terror al vacío u horror vacui), motivos centrados, simetrías, todo ello derivado del rechazo al naturalismo por parte del arte islámico. Los motivos son vegetales, geométricos, epigráficos (en árabe), abstracciones de animales (como la zancuda de cuello largo), etc.

Dentro de la vajillería existían dos grandes familias cerámicas: la azul y la dorada o de reflejo metálico. Ambas compartían el uso de la misma cubierta impermeable: el esmalte de estaño, inventado a finales del siglo VIII o principios del IX en el ámbito islámico oriental. Este barniz dará a la pieza un color blanquecino opaco sobre el que se aplicarán los distintos colores característicos de cada familia. 

Pila bautismal del siglo XVI

En la primera época hasta 1610, los alfares de Muel recibieron el influjo de los de Manises, población a la cabeza de este arte decorativo en la Península. La cerámica azul (obtenida con el uso del cobalto) se introduce con muestrarios ornamentales de Manises combinados con temas de influencia malagueña. Se imitan las formas de las vasijas metálicas con abultamientos y repujados propios de los orfebres, reflejados en las decoraciones de florecillas y retículas pintadas a pincel.

Se obtenían calidades metálicas con la técnica más bella y afamada de Muel: la cerámica dorada o de reflejo metálico, técnica netamente islámica proveniente de Málaga (los artífices moros se les llamaba malequeros o almalagueros), cuyos ingredientes principales eran el cobre y la plata aplicados necesariamente sobre piezas ya cocidas y barnizadas, lo que suponía una tercera cocción de la pieza. 

 

 

                                                                                                   Pila bautismal, hacia 1556. Alfar de Muel. Iglesia parroquial de Longares

 

Escudilla del segundo tercio del siglo XVI al 1610. Museo de Zaragoza

Cerámica dorada de Muel. Escudilla. Segundo tercio del siglo XVI-1610. Museo de Zaragoza

 

Este método daba un aspecto metálico amarillo, dorado o rojizo, y convirtió a Muel en probablemente el mayor centro de fabricación de este tipo de cerámica en el ámbito aragonés.

Las influencias exteriores se diluyeron poco a poco y la producción de Muel configuró su propia personalidad: sus piezas se adornan con dorados, con combinaciones de dorado, azul y verde, o solo con azul. Sin embargo la cerámica de reflejo dorado dejó de elaborarse desde el primer tercio del siglo XVII. Por otra parte se realizan series de cerámica más baratas y populares, para uso cotidiano, como la azul o la compuesta por la combinación de alguno de estos tres colores: azul, verde y morado aplicados con pincel- peine.

 

Plato del segundo tercio del siglo XVI al 1610. Museo de Zaragoza

Cuenco de pila bautismal, primera mitad del XVI. Iglesia de San Pedro de Tobed, Zaragoza

 Cuenco de pila bautismal, primera mitad del siglo XVI.                         Plato del 2º tercio del siglo XVI al 1610. Museo de Zaragoza

 Iglesia de San Pedro de Tobed, Zaragoza

 

Escudilla, siglo XVI, Museo de Zaragoza.

 

Escudilla, siglo XVI. Museo de Zaragoza.

 

A partir del siglo XVII y tras expulsión de los moriscos, los alfareros y las modas cambian. Ahora las tendencias llegan de los centros catalanes y de Talavera donde ha llegado la influencia china, generalizada en toda Europa. Los motivos más frecuentes serán el pájaro posado entre ramas, el conejo saltando entre matas... y se utilizarán otras mezclas de colores como la combinación del verde y el morado. Estos temas perdurarán hasta el siglo XVIII, durante el cual se seguirá  la moda italiana y se copiará la loza de Alcora, en un intento de competir con ella en los mercados. Durante el siglo XIX se retomará la tradición manisera tardía y surgirán temas de trazado rápido y motivos hechos con tampones o plantillas (flores, nombres, animales), creciendo la variedad de lápidas funerarias.

 

Plato. Muel, 1701-1900. Museo de Zaragoza

Plato. Muel, 1701-1900. Museo de Zaragoza

 

Otra vertiente de la cerámica de Muel es la azulejería y las piezas aplicadas en los exteriores de edificios, que servirán de revestimiento y aislante y como ornamento.

La decoración islámica de los edificios se atiene a la concepción estética del Islam por la que toda obra humana es perecedera y sólo Dios permanece. En la construcción de los exteriores se utiliza el ladrillo que, con arcos y alfices, forma un estampado similar al de una  tela con cenefas de vívidos colores de cerámica vidriada. Todo ello confiere movimiento, creado por luces y sombras que desvirtúan y desmaterializan las paredes dándoles una sensación de fragilidad, en definitiva, de algo perecedero.

El precedente más inmediato es la arquitectura almohade que utilizó piezas vidriadas monocolores (blancas, negras o verdes) como ornamento de torres como la de la Kutubiya de Marrakés, y la torre del Oro de Sevilla.

La arquitectura mudéjar aragonesa tuvo como rasgo distintivo la aplicación de cerámica en los exteriores, y sobresale, por extensión y permanencia temporal, sobre todas las demás expresiones arquitectónicas mudéjares del resto de la Península ya que se mantuvo desde el siglo XIII al XVII. 

La primera técnica de azulejería desarrollada en los obradores de Muel durante la transición de los siglos XIV y XV fue la del pincel sobre barniz de estaño en un colorido verde, negro y azul. Las piezas suelen mostrar escudos y emblemas heráldicos y se destinaron al revestimiento de suelos, creación de pequeños frisos y decoración de techos de madera.

El tránsito al siglo XVI procuró una nueva técnica llamada de arista. Aportó varias ventajas a la

 

Azulejo de arista, finales del siglo XIV o principios del XV. Museo Etnológico de Muel.


Azulejo de arista, finales del siglo XIV o principios del XV. Museo Etnológico de Muel.

 

azulejería coetánea como la rapidez de su fabricación, ya que utilizaba moldes de madera con un motivo decorativo en hueco que al quedar estampado en relieve sobre el barro tierno, creaba finos tabiques que impedían la mezcla de los colorantes. La rapidez supuso el abaratamiento del coste de la pieza y los tabiques permitieron aumentar la policromía (azul, verde, morado, amarillo y el blanco del esmalte) aportando más vistosidad a las piezas. También amplió la funcionalidad de los azulejos ya que no sólo se utilizaron para exteriores y suelos, sino que les dio un nuevo uso: el arrimadero, forma de revestimiento mural extendida por edificios religiosos y civiles a lo largo del siglo XVI.


Esta técnica se plasmó de forma ejemplar en la torre mudéjar de Utebo, cuyos azulejos son todos de origen muelano con influencias nazaríes (Reino Nazarí o de Granada, conquistado en 1492 por los Reyes Católicos).

 

torre de Utebodetalle de la torre de Utebo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    Torre mudéjar de Utebo (1544)

 

Arrimadero de la ermita de la Virgen de la Fuente en Muel.  Azulejos a pincel, siglo XVIII

Torre de Muel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Arrimadero de la ermita de la Virgen de la Fuente en Muel.                 Azulejos de la torre de la iglesia parroquial de Muel

 Azulejos a pincel, siglo XVIII

 

Otros ejemplos de aplicación de la azulejería de Muel a lo largo del siglo XVI son los de la catedral de Barbastro (1535), el Monasterio de Veruela (1548-57) y La Seo (1557-67 y 1570 en la capilla de San Miguel Arcángel), entre otros. Esta técnica se producirá hasta principios de la segunda mitad del siglo XVII, siendo un ejemplo  la iglesia de Mezalocha (1650-1653).

En el siglo XVI también se fabricaron tejas vidriadas polícromas que se disponían formando dibujos geométricos tal y como se ve en las Casas de la Diputación del Reino en Zaragoza en las obras del dibujante flamenco Anthonius van den Wyngaerde (1563) y el pintor Juan Bautista del Mazo (hacia 1647).

 

 

Vista de Zaragoza, Juan Bautista Martínez del Mazo, 1647

La flecha señala las casas de la Diputación del Reino en cuyo tejado se distinguen las tejas de colores en disposición de dibujo geométrico. Detalle del cuadro del pintor Juan Bautista del Mazo (hacia 1647)

 

Tras 1610 los alfareros de Muel siguieron la técnica del pintado a pincel, que alcanzó una amplia difusión en los siglos XVII y XVIII reflejándose en importantes trabajos para la Seo zaragozana y casas particulares de esta ciudad durante la primera centuria, mientras que en la segunda destaca el frontal del altar de las Santas Justa y Rufina de la parroquial de Muel.

 

 

parroquia de muel, frontal de altar

Detalle del frontal del altar de las santas Justa y Rufina, (siglo XVIII). Iglesia de San Cristóbal, Muel.

 

Tras una decadencia progresiva durante el siglo XIX, a principios del siglo XX los alfares de Muel desaparecen.

A finales de 1964, la Diputación Provincial de Zaragoza creó en Muel un modesto taller y con la ayuda de las descripciones contenidas en el manuscrito de Enrique Cook se consiguió recuperar las antiguas técnicas: este personaje, arquero de Felipe II, acompañó al monarca en su viaje por Aragón en 1585 y a su paso por Muel recogió las fórmulas del esmalte blanco (estaño) y la loza dorada de los olleros de la población.[1]

 

escuela taller

Escuela Taller de Muel

 

Tras varios años de trabajo se inauguraron, en 1975, las actuales instalaciones de la Escuela -Taller de la Diputación Provincial de Zaragoza  cuya labor es recuperar el pasado de la cerámica de Muel, promocionarla a través de su museo, biblioteca y publicaciones, así como reproducir con rigor las piezas más antiguas sin dejar de alentar la creación de técnicas más modernas.

 

albarelo de los actuales alfares de Muel

Mielera realizada en los actuales alfares de Muel

 

Fotografía: José Garrido Lapeña (Museo de Zaragoza), Santiago Cabello Solanas, Museo etnológico de Muel y Archivo de la DPZ


[1] El viajero Enrique Cock relata, en su crónica del viaje de Felipe II a Zaragoza, Barcelona y Valencia en 1585, como era la técnica que utilizaban los moros para conseguir la cerámica dorada: Todos los vecinos cuasi deste lugar son olleros y todo el barro que se vende en Zaragoça lo más haçen aquí y desta manera. Primeramente haçen los vasos de cierta materia que allí la tierra les da, de tal suerte como los quieren; fechos, los coçen en un horno que para esto tienen aparejado; vueltos después á quitar para que les den lustre blanco y los hagan llanos, haçen un lavatorio de ciertas materiales desa manera : toman una arroba de plomo con la cual mezclan tres ó cuatro libras de estaño y luégo otras tantas libras de çierta arena que allí tienen , de todo lo cual haçen una masa como de yelo y lo haçen en menudas piezas y muélenlo como harina, y hecho ansí polvo lo guardan. Este polvo después mezclan con agua y tiran los platos por ella y los coçen otra vez en el horno, y entónces con este calor conservan su lustre.  Después para que toda la vajilla hagan dorada, toman vinagre muy fuerte con el cual mezclan como dos reales de plata en polvo y bermellón y almagre y un poco de alambre, lo cual todo mezclado escriben con una pluma sobre los platos y escudillas todo lo que quieren y los meten tercera vez en el horno, y entonces quedan con el color de oro que no se les puede quitar hasta que caigan en pedaços. Esto me contaron los mismos olleros.

 


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