El pueblo viejo de Chodes, llamado Iodes en las fuentes antiguas, estaba situado, junto con su castillo, en una posición estratégica: sobre un arriscado y áspero monte, controlaba perfectamente el paso del río Jalón, que viene encajonado desde Ricla, justo en el punto en el que sale del desfiladero y se abre formando una hermosa vega. Chodes ocupaba, pues, un enclave importante que aseguraba la defensa de ese paso natural entre el valle del Ebro y la Meseta que ha sido siempre el Jalón, y también la del amplia área agrícola que riega este río.

Sin embargo, para vivir resultaba tremendamente incómodo: colgado entre las breñas y lejos de los cultivos, con las fuentes de agua a una distancia notable, el día a día era penoso. Así que, a mediados del siglo XVII, el conde de Morata pensó en hacer uno nuevo...

La situación del Chodes viejo se acabó de deteriorar en 1610, al decretarse la expulsión de los moriscos, cuya marcha forzosa dejó prácticamente vacío el pueblo. Llegaron nuevos vecinos para establecerse y cultivar las tierras, pero el que podía prefería asentarse en la vecina Morata, que estaba en llano; si bien esto tenía la dificultad de que había que cruzar el Jalón, y a comienzos del siglo XVII no había puente.

 

Río Jalón junto al emplazamiento del Chodes viejo

 

La situación iba a cambiar a partir de 1665, cuando la condesa de Morata, Ana Polonia Manrique de Luna, vendió el condado a un destacado personaje llamado Francisco Sanz de Cortes, infanzón-mercader de Zaragoza. Pese a que aquella venta generaría un litigio que duró más de cien años, Sanz de Cortes actuó desde el principio como señor de pleno derecho, y quiso dejar patente su poder a través de la erección de diferentes construcciones emblemáticas en su condado. La principal de ellas fue el palacio de Morata de Jalón, iniciado en 1671; pero una vez tuvo esta obra en marcha, la siguiente preocupación del nuevo conde fue Chodes. Había que lograr un hábitat más adecuado para sus vecinos, y eso pasaba por dos iniciativas: la primera, hacer un pueblo nuevo, en llano y cerca de la huerta; y la segunda, construir un puente sobre el Jalón que comunicara este pueblo con Morata. Además, el conde quería tener cerca a sus vasallos.

 

Francisco Sanz de Cortes se había traído de Zaragoza a su arquitecto favorito, Juan de Marca, para que le construyera el palacio; y recurrió también a él para que diseñara la estructura urbana del Chodes nuevo. El sitio elegido estaba muy cerca de Morata y frente a la vega del Jalón, pegado a las tierras que los vecinos habrían de cultivar; y para ese emplazamiento Marca planteó un diseño original, consistente en un núcleo formado por veinticuatro casas en torno a un espacio redondo, creando una plaza cerrada que se comunicaría con el exterior, en tres de sus ejes cardinales, por medio de arcos-puerta. En el cuarto eje se dispuso la iglesia, cuyos planos también fueron hechos por Marca: el espacio se estructuró a partir de un cuerpo principal de planta aproximadamente cuadrada, con el centro cubierto por cúpula y capillas laterales abovedadas a su alrededor; hacia los pies se dispuso un atrio alargado y más estrecho, necesario para adaptarse al diseño de la plaza.

 

Vista aérea de Chodes

 

El contrato para hacer el pueblo se firmó en 1676, entre el conde por un lado y, por otro, Juan de Marca, maestro de obras, y Julián de Yarza, tapiador de Morata. Seguidamente se contrató la iglesia. Se especificó con mucho detalle cómo había que hacer las casas (en concreto, se establecía que fueran como una que tenía el tapiador Yarza en Morata), que tenían que ser todas iguales, con su portal, piso en alto con balcón y falsa; y con un corral a la parte trasera. Las fachadas, formando asimismo un conjunto homogéneo entre sí, se animaron con pilastras de ladrillo de orden gigante (es decir, que las recorren de arriba abajo), sencillas pero vistosas, con sus basas, fustes, capiteles y bolas de piedra. Estos elementos decorativos no estaban previstos inicialmente, sino que fueron aportación de Juan de Marca, lo que le crearía un serio problema a la hora de cobrarlos.

 

Lado norte de la plaza, con la fachada de la iglesia. A la izquierda, único inmueble que ha sido reformado

 

Se estipuló que el pueblo tenía que estar terminado en dos años, para 1678, y que se habría de pagar un precio de 2.690 libras jaquesas por las casas, más lo que costase la iglesia, que iba aparte, y la nivelación del suelo de la plaza para que vertiera adecuadamente las aguas pluviales. Más tarde se añadieron otros edificios complementarios, entre ellos el horno.

 

El desarrollo de las obras no fue fácil ni estuvo libre de problemas. Todo empezó por culpa del puente del Jalón, que hoy llamamos de Capurnos por hallarse en la partida de ese nombre: el conde de Morata envió a inspeccionar la obra a dos albañiles expertos de Zaragoza, y estos consideraron que no se estaba haciendo “conforme a arte” ni a la estabilidad que requiere este tipo de construcciones. Por supuesto, Juan de Marca, que también dirigía esa obra, no estuvo en absoluto de acuerdo; es más, se negó a desmontar la parte que se le indicaba, ni tampoco dejó que lo hiciera nadie. Aquello deterioró gravemente las relaciones entre el arquitecto y su mecenas, pero la situación aún empeoró más cuando se inspeccionaron las obras del pueblo de Chodes, en un momento en el que ya se habían construido seis casas: de nuevo consideraron los arquitectos que había en ellas un fallo grave, y era que no tenían tan apenas cimientos, por lo que Marca también las tenía que reforzar adecuadamente, o deshacerlas.

 

La ruptura entre Marca y el conde de Morata fue inevitable: las espadas estuvieron en alto durante meses, hasta el punto de que Sanz de Cortes rescindió el contrato a su arquitecto y lo expulsó de todas las obras que estaba haciendo para él. Como reacción, Marca se sumó al monstruoso pleito que ponía en entredicho la legitimidad de la venta del condado de Morata. El enfrentamiento no podía ser peor… y, sin embargo, pasado un tiempo ambos optaron por llegar a un acuerdo: Marca volvió a hacerse cargo de las obras, el conde se avino a pagarle más dinero por el trabajo añadido que estaba obligado a hacer, y, a cambio, el primero retiró las reclamaciones que había presentado ante los Tribunales. Pero el puente lo rehacía, vaya si lo rehacía; y las casas de Chodes, lo mismo.

 

Lado noreste de la plaza, con la fachada del Ayuntamiento y uno de los pasos cubiertos

 

Fue justamente aquel pleito lo que obligó al conde a presentar en el proceso cuentas detalladísimas de todas las obras que había hecho en los pueblos de su señorío; y gracias a ello sabemos lo que costó finalmente hacer Chodes, que, como ocurre siempre, no se ajustó a lo presupuestado: el conde pagó, finalmente, más de 8.330 libras, o sea, más de  tres veces el precio acordado.

 

Pero mereció la pena: hoy Chodes es una pequeña joya en mitad del eje del Jalón, retirado a un lado de la huerta pero muy cerca de ella, pues gracias a ella existe. Se ha conservado prácticamente intacto, sin apenas modificaciones ni en sus fachadas ni en la estructura de las casas, que se corresponden punto por punto a lo estipulado en los contratos hechos hace más de tres siglos. Constituye el ejemplo más acabado y mejor conservado de las ideas del urbanismo barroco, materializadas sin condicionamientos previos, pues se trataba de una población de nueva planta. Las veinticuatro casas iguales miran al centro de la plaza con su ritmo de portales, balcones y ventanitas, separadas por pilastras decorativas rematadas por bolas; los portales en arco, que siguen el modelo del que se había hecho en el palacio de Morata para salvar la calle que iba de la plaza al tejar, dejan pasar por debajo la carretera que conduce al valle del Isuela, mientras que el tercero de ellos sale a la huerta.

 

Paso cubierto de acceso a la huerta de la localidad

 

Y, finalmente, la iglesia ofrece su sencilla portada en arco de medio punto en mitad de su fachada estrecha, que remata, airosa aunque pequeñita, en una torre de campanas. Al interior es un templo sencillo, de planta irregular pues hubo que adaptarlo a la plaza, pero amplio y luminoso, con varios retablos y tallas de estilo barroco.

 

Fachada de la iglesia y viviendas del lado este

 

El puente de Capurnos se rehizo, y hasta hoy continúa salvando con su único ojo el cauce del Jalón, enlazando los pueblos de Chodes y Morata. El paseo entre los dos es verdaderamente recomendable.

 

Puente de Capurnos, sobre el Jalón

 

Fotos: Santiago Cabello (Archivo DPZ)

Recursos Multimedia