Sos del Rey Católico, conjunto medieval

En la parte alta de las Cinco Villas, junto a la Sierra de Santo Domingo, se ubica la villa de Sos. Elevada sobre un alargado cerro, se encuentra en un lugar estratégico que controla varias vías de comunicación; durante la Edad Media, además, ocupó una posición fronteriza de especial importancia, entre los reinos de Pamplona y Aragón y los territorios de la Marca Superior de Al-Ándalus. Este hecho también la tuvo a merced de algaradas y razzias tanto de cristianos como de musulmanes.

Durante los siglos X y XI los pequeños reinos cristianos del Norte levantaron una serie de fortalezas estratégicamente ubicadas para asegurar sus posiciones frente al Islam, que constituyeron una auténtica línea militarizada  desde tierras pamplonesas hasta la Ribagorza. Sos se convirtió en uno de los enclaves más importantes de este sistema defensivo, y con ello en la capital histórica de las Altas Cinco Villas. Pero a los reyes aragoneses no sólo les interesaba la defensa, sino también repoblar la zona, y para ello trajeron nuevos colonos, fundamentalmente francos, a los que ofrecieron distintos privilegios jurídico-económicos.

A principios del siglo X, Sancho Garcés I de Pamplona ocupó el norte de las Cinco Villas y fundó o fortificó los enclaves necesarios para hacer frente al poder musulmán que tenía su bastión principal, al sur, en Ejea de los Caballeros. Estos enclaves fueron el origen de la red urbana medieval de la comarca, con núcleos que se desarrollaron a partir de su inicial función defensiva.

 

 

Sos se asienta en un cerro de laderas empinadas que facilita su defensa. Al igual que otras poblaciones de la zona, en un primer momento la localidad fue creciendo en torno al castillo, creando una estructura concéntrica de calles que se adaptan a la topografía del terreno. Ubicado en la Peña Feliciana, y construido en el siglo X, este castillo ha sufrido a lo largo de su historia abundantes reformas; en la actualidad se conservan dos torres, una de ellas la del Homenaje. Por su función militar y defensiva, muchos documentos se refieren a Sos como castrum.

 

A mediados del siglo XII, tras las turbulencias vividas en Aragón a la muerte de Alfonso I el Batallador (1134) y los problemas sucesorios posteriores, se inicia una etapa de calma relativa que favoreció el florecimiento de villas y ciudades. El paulatino aumento demográfico impulsó la construción de iglesias, entre ellas la de San Esteban. Esta iglesia-fortaleza se construyó adosada a la torre del castillo, con el apoyo de la reina Estefanía, viuda de García Nájera de Navarra. Consta de una amplia iglesia superior y una cripta bajo la parte de la cabecera, entre las cuales discurre un paso abovedado que pone en comunicación la iglesia con el resto de la población. La portada principal va decorada con esculturas, hoy muy deterioradas, que se adscriben a la mano del famoso Maestro Esteban, quien trabajaría en Sos con posterioridad a su presencia en Compostela. La cripta, dedicada a Santa María del Perdón y llamada “iglesia baja”, tiene acceso tanto desde el interior como desde el exterior de la iglesia a través del pasadizo abovedado. El aumento poblacional también favoreció que a partir del siglo XII Sos pasara a denominarse villam. Su carácter estratégico su constante apoyo a los reyes aragoneses hizo que desde 1273 fuera definitivamente villa de realengo.

 

 

La villa fue reforzada en el XII con una muralla que rodeaba todo el perímetro del cerro. Actualmente se conservan restos de aquel viejo muro medieval en las fachadas traseras de algunas casas, y fundamentalmente en el Parador. El lienzo murado se completaba con torres y puertas fortificadas, que realzan el aspecto un tanto misterioso de la ciudad. Son siete portales: de la Reina, del Mudo, de Zaragoza, de Uncastillo, de Levante, de Jaca y de Poniente. El mejor conservado es el de la Reina, con matacanes y saeteras. También denominado de Maya o de la Fuente Alta, recibe su nombre actual a la tradición que afirma que por esta puerta entró a la villa la madre de Fernando el Católico cuando vino a dar a luz. El portal del Mudo, por su parte, debe su nombre a una leyenda de la Guerra de Independencia, según la cual un mozo de la villa que había salido del cerco francés fue capturado, y para no hablar durante la tortura se mordió la lengua hasta arrancársela. Liberado por los franceses, el muchacho murió al llegar a Sos, junto a esta puerta.

 

 

Sobre otra pequeña elevación del cerro donde se asienta la villa los Sada construyeron un castillo (hoy denominado Palacio de Sada), lo que favoreció la creación de otro burgo con la misma morfología: calles concéntricas y radiales adaptadas al terreno. La unión entre los dos burgos se produce en una pequeña vaguada por la que discurren las principales calles de la villa. En esta confluencia se creó una plaza en la que se instalaron los edificios civiles más importantes para la población: Ayuntamiento, mercado, lonja… En el Palacio de Sada nació el que llegaría a ser Fernando el Católico, el 10 de marzo de 1452. Del antiguo edificio que vio nace al rey poco queda actualmente, ya que gracias al apoyo real la familia Sada pudo reformarlo en el siglo XVI, convirtiéndolo en un palacio fortificado característico de la arquitectura militar de esa época.

 

 

La plaza de la villa fue y ha seguido siendo el lugar común de sus gentes, uno de los espacios públicos más importantes, ya que Sos dependía directamente del rey y no de un señor noble. En ella se reunían por diferentes motivos, entre ellos la celebración de juicios. Ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de la historia, la más importante de las cuales tuvo lugar en el siglo XVI. También el Ayuntamiento que la preside fue construido a finales de esa centuria. El espacio para el mercado, en un lateral de la plaza, tiene forma de soportal con dos arcos apuntados. Se vendían productos para consumo diario, al por menor. Los pequeños puestos debían pagar una tasa al Concejo, que disponía de un almutazaf encargado de la vigilancia y de las medidas. Este oficial contaba, para garantizar la validez de estas últimas, con una vara aragonesa o jaquesa (equivalente a 77 cm), medida de longitud que está grabada en la piedra del arco doble; y con una romana que se colocaba entre los dos arcos del porche, para controlar que no se escatimara peso.

 

 

La lonja, por su parte, se destinaba a la venta al por mayor. Situada en la cuesta que lleva de la plaza al castillo, la construcción de la actual lonja está datada a comienzos del siglo XVI, pues su estilo corresponde al tránsito entre las edades Media y Moderna. Con un soportal de cuatro arcos hacia la plaza, cuenta con un aljibe, varios huecos para depositar las tinajas de aceite o vino y unos pozos que, a modo de neveros, servían para refrigerar la mercancía.

 

 

Sos conserva muchas casas antiguas construidas en piedra, en un trazado urbano que se adapta a los desniveles del terreno, que posibilitan la existencia de sótanos o semisótanos. La estructura de la casa tradicional constaba de vestíbulo o zaguán en la planta baja, escalera y planta de vivienda (a veces podía haber dos) con comedor, habitaciones y cocina. La última planta, bajo el tejado, era la falsa o granero. El censo de población realizado a finales del siglo XV dio para Sos la cifra de 124 fuegos u hogares, cuyo número de componentes podía ser variable.

 

 

Las viviendas más nobles presentan elementos decorativos, ventanas geminadas o escudos nobiliarios que testimonian la pasada riqueza de la villa. Destacan las llamadas Casa Mosenjuan, Casa de D. Luis de Santángel, Palacio de los Español de Niño o el Colegio de Gil de Jaz.

 

La panorámica de la ciudad medieval de Sos no sería completa si no habláramos de otro grupo de habitantes: los judíos. Llegados a la villa en el siglo XII, atraídos por las ventajas económicas que ofrecían los monarcas para su asentamiento, formaron un barrio que a finales del XIII había alcanzado el rango de aljama. Ocuparon el Barrio Alto, que todavía mantiene una morfología tradicional de calles estrechas y callejones (como la llamada calle «Sal si puedes»). En el siglo XIV se solicitó al rey permiso para delimitar y cerrar la judería, a la que accedía por dos trenques o puertas, uno en las proximidades de la Puerta de la Reina y otro cerca de la capilla de San Martín. Se sabe cuáles son las casas de conversos porque en la entrada se encuentra grabada conjuntamente una cruz y una mezuzah (hueco rectangular en la jamba derecha de la puerta en el que se colocaba un pergamino con textos del Deuteronomio, metido en un estuche de plata).

 

 

Fotos: Santiago Cabello (Archivo DPZ)

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