Cuando los musulmanes llegaron al valle medio del Jalón se encontraron con un territorio con escasa población y muy dispersa. Necesitaron vertebrar el espacio no sólo para su defensa sino también para garantizar la cohesión y estabilidad social. El Castillo de Ayyub se convirtió en el eje neurálgico de esta planificación. Para conseguir lo primero se construyó una red de fortalezas o puestos militares de vigilancia para la protección y reagrupación de la población dispersa. Para lo segundo fomentaron la conversión al Islam de la población autóctona (judíos y cristianos), acto muy ventajoso ya que implicaba la obtención de bienes y tierras en propiedad y un rápido enriquecimiento personal. Con ello se buscaba la ocupación pacífica, la islamización progresiva y un gobierno estable.

Cuando los musulmanes llegaron al valle medio del Jalón se encontraron con un territorio con escasa población y muy dispersa. Necesitaron vertebrar el espacio no sólo para su defensa sino también para garantizar la cohesión y estabilidad social. El Castillo de Ayyub se convirtió en el eje neurálgico de esta planificación. Para conseguir lo primero se construyó una red de fortalezas o puestos militares de vigilancia para la protección y reagrupación de la población dispersa. Para lo segundo fomentaron la conversión al Islam de la población autóctona (judíos y cristianos), acto muy ventajoso ya que implicaba la obtención de bienes y tierras en propiedad y un rápido enriquecimiento personal. Con ello se buscaba la ocupación pacífica, la islamización progresiva y un gobierno estable.

 

Vista de Calatayud con el castillo Mayor al fondo y el castillo de Doña Martina a la derecha

 

Calatayud fue la medina más importante del valle del Jalón, con un crecimiento continuo que obligó a la construcción de nuevas fortalezas y al reiterado desplazamiento de la línea de muralla para incorporar todos los barrios bajo su protección. Entre los siglos IX y X, la construcción de un lienzo murado que uniese el Castillo de la Peña, salvando el Barranco de la Poza, y el Castillo de Torre Mocha creó un espacio intramuros, (en torno al castillo de Doña Martina, también llamado de los judíos) que fue cedido a la comunidad hebrea estableciéndose en él la judería[1], que llegó a ser la segunda en importancia tras las de Zaragoza.

 

evolución de la judería de Calatayud

     Zona sombreada: Recinto judería desde el siglo IX-X hasta el 1492 

Zona rayada: Ampliación de la judería a mediados del siglo XIV

   (Álvaro López Asensio. La judería de Calatayud. Sus casas, calles y barrios)

 

Después de la difícil reconquista, ya que Calatayud fue sometida a un duro asedia, en 1120, los cristianos recibieron del rey unos fueros[2] para favorecer la repoblación y potenciar la nueva administración. A los judíos, aunque no estaban incluidos en estos privilegios, se les concedieron distintos derechos. Asimismo se les permitió permanecer en su barrio de origen, es decir, en la zona alta y fortificada de la ciudad. Con el tiempo, en el siglo XIV, experimentó un aumento de población, lo que obligó a la ampliación del solar hacia el barrio cristiano de Villanueva. La separación entre ambas religiones se realizó con un muro imaginario a través de una línea de viviendas del llamado Barrionuevo que iba desde la puerta de San Andrés hasta la puerta sur del Puente Seco. Finalmente, tras la expulsión, por orden real en 1492, este barrio dio nombre a toda la judería.

castillo de doña martina

                                                     Castillo de Doña Martina. Bajo él se asentaba la judería

 

Barrios de la judería de Calatayud

Barrios de la judería de Calatayud: A. Barrio de Burgimalaco. B.Barrio de Villanueva. C. Barrio de Barranco Alto. D. Barrio de la Sinagoga Mayor. E. Barrio de la Coracha. F. Barrio de la Paprota. G. Barrio de la Torre Mocha. H. Varrio clamado Quatorce. I. Barrio de la entrada a la judería. (Álvaro López Asensio. La judería de Calatayud, sus casas, calles y barrios)

            

 

calle de la jucalatayuddería puerta de san miguel calatayud
Calle de la judería Puerta de San Miguel

Calle de la judería

Judería y sinagoga

Judería Sinagoga al fondo

 

A finales del siglo XII, la comunidad hebrea de Calatayud alcanzó la categoría de aljama[3]. Desde la Alta Edad Media los judíos se organizaban en torno a la aljama y a la sinagoga[4], es decir, al poder político y al religioso. Las características de las sinagogas medievales en Aragón son comunes, ya que su morfología está inspirada en la vivienda tradicional o de nave única y se regían por las mismas normas. El Talmud[5], uno de los tratados rabínicos más importantes de la religión hebrea, establece que el edificio debe superar en altura a los colindantes, tiene que estar orientado hacia el este, hacia Jerusalén. En el muro oriental se sitúa el Tebáh Aron, un armario, arca o cofre donde se guardan algunos textos de profetas y los estuches o theké que contienen los rollos de la ley o Toráh[6].  El exterior debe ser modesto; no se puede construir a menos de metro y medio de sus muros, ya que su interior necesita mucha luz, de acuerdo con lo establecido al respecto del deber de abrir ventanas en sus muros, al estar prohibido rezar en una habitación sin vanos. La organización interior, también es establecida a través de distintos cánones y gira en torno al muro este (en este muro se colocaba el armario de la Toráh: la Genizáh o cámara oculta en la que se guardan los objetos o manuscritos inservibles para el culto de la sinagoga), la tribuna o bimah (una plataforma elevada con barandilla y atril de madera o kursya desde la que se lee y proclama la Toráh), los asientos (bancos distribuidos por toda la nave, orientados siempre al muro este, cuya adjudicación se podía realizar por un comité especial o se podían vender en propiedad) y el lugar reservado para mujeres y niños. Aunque el Talmud alude a las mujeres para alcanzar el necesario quorum de diez miembros y poder celebrar cualquier acto litúrgico, las sinagogas las relegan a un segundo plano, reservando un espacio especial para ellas, niños y gentiles (no judíos) desde donde podían participar en las celebraciones, pero no entrar en contacto con los hombres.

Por último, las sinagogas no suelen tener casi decoración y se caracterizan por la ausencia de ornamentos figurados, ya que su religión no permite representar a Dios.

 

En las fuentes documentales bilbilitanas se utiliza indistintamente el término sinagoga y el de midras, para referirse al lugar en el que se celebraban las asambleas de la aljama. Calatayud no tuvo una única sinagoga dedicada al servicio de sus fieles, sino que se han constatado al menos cinco, aunque los textos hablan de siete, incluso llegan hasta nueve templos, debido a la cantidad de habitantes de la judería.

 

La midras principal es la Mayor o Vieja, y estaba situada en el espacio que ocupa actualmente la Ermita de la Consolación, en el centro de la judería. Una licencia de reparación y reedificación de mediados del siglo XIV, que fue solicitada al Obispo de Tarazona, Pedro Pérez Calvillo, es la primera noticia documental sobre este templo. Como consecuencia del permiso la sinagoga fue demolida, ampliada y reconstruida totalmente por trabajadores mudéjares. El nuevo edificio tuvo dos pisos superpuestos, pero independientes: en el primero o planta calle se encontraba el templo propiamente dicho, en el segundo las estancias se reservaban para distintas actividades.

 

ermita de la consolación, sinagoga mayor calatayud

Sinagoga Mayor con las entradas para hombres y mujeres

 

Tras la expulsión de los judíos, fue consagrada como Iglesia de Santa Catalina de Siena sin sufrir grandes alteraciones, pero una remodelación del siglo XVIII suprimió prácticamente lo que se conservaba de la fábrica hebrea. También se redujo el tamaño por lo que pasó a ser la actual Ermita de la Consolación. Sin embargo, logró salvarse parte de la fachada principal de la sinagoga, realizada en piedra sillar, con dos puertas gemelas de acceso. Los portones son dos arcos apuntados construidos en rejola o ladrillo, que facilitaban la entrada independiente de los hombres (derecha) y las mujeres (izquierda).

 

 

La Sinagoga Menor se ubicaba en el muro sur de la judería, pero sufrió un gran deterioro en la Guerra de los Dos Pedros, entre 1357 y 1369, quedando prácticamente derruida. Por ello, al igual que en el caso anterior, a mediados del siglo XIV se solicitó, a iniciativa del poderoso gremio de los tejedores y su cofradía[7] de Hiqdes, una licencia para su reconstrucción. Se edificó un nuevo templo, no mayor de 78,72 m2, en el barranco y barrio de Burgimalaco, o del rey en hebreo, junto al montículo de la Peña, en un solar con bodega.  El templo, además del sótano ya existente, contaba con dos plantas: la primera era la sala de oración y la segunda sirvió de vivienda. Los rabinos[8] adscritos a la sinagoga además poseían una casa, adosada al templo, dividida en diferentes estancias que a veces alquilaban.

 

En los ritos litúrgicos hebreos las mujeres[9] ocupaban un espacio separado[10] de los hombres. Pero, en ocasiones, sobre todo en las ciudades con gran población judía, se construyó una propia para ellas: como la Sinagoga Chiqua de las mujeres de Calatayud. Con ello lograban descongestionar el resto de los templos y permitía paralelamente que se desarrollaran funciones de escuela femenina, ya que sus leyes prohibían la mezcla de los sexos en la enseñanza. Se desconoce su ubicación y características, pero está atestiguada documentalmente, a través de un texto que establece que la sinagoga pasó a manos del monarca tras la expulsión en 1492.

 

Por último, se conoce la existencia de dos sinagogas privadas o minyanim. La primera es la de Yuçe Abencabra[11], era una pequeña sala de oración privada dentro de la casa, que acabó convirtiéndose en la Iglesia de San Pablo. Tras la conversión de su dueño al cristianismo, lo que obligó también a tabicar sus accesos a la judería. Se situaba en la entrada de la aljama, entre la Puerta de San Andrés y el Castillo de los Judíos, donde actualmente está el Teatro Capitol. La segunda es la Sinagoga de Bayel Constantín[12], utilizada también para uso privado, pero se desconocen sus peculiaridades y situación.

 

Fotografía: Santiago Cabello, María Amor Borque, Ricardo Vila, Archivo de la D.P.Z.


[1] La judería bilbilitana, que coincide con el actual barrio de la Consolación, tuvo en un principio cuatro vías principales de comunicación, a las que se accedía a través de otras tantas puertas: la de San Andrés, que era el acceso principal en la cuesta de Santa Ana; de Toledo o del Puente Seco (lo que es hoy el arco de San Miguel); de Furiega o de la plana, que estaba protegida por dos torres adosadas a la muralla; y la de Torre Mocha al norte, que realmente era un pequeño postigo en la muralla. Su espacio estaba organizado en distintos barrios que se conocen por los inventarios de bienes que se realizó con la expulsión en 1492: el de entrada a la judería, de Burgimalaco, de la Villanueva judía, del Barranco Alto, de la Sinagoga Mayor, de la Coracha, de la Paprota, de la Torremocha y el Barrio llamado Catorce.

[2] Se trata de un conjunto de normas, derechos y privilegios otorgados por el rey a determinadas localidades cuya finalidad era, en general, regular la vida local.

[3] Este término designa al conjunto de la comunidad judía, pero referido fundamentalmente a sus órganos de gobierno y a sus estructuras civiles, sociales y culturales. En cambio el término judería hace referencia al espacio físico en el que habitaban los hebreos.

[4] En hebreo Keneset, etimológicamente significa el lugar de reunión de los judíos y casa de oración, pero también es un lugar de estudio de la Toráh, escuela, espacio de reunión e información de la comunidad, sede para impartir justicia y realizar funciones asistenciales, pero nunca llegó a considerarse como lugar sagrado o casa de Dios. Es decir, son edificios en los que se auna, de forma separada, la función cívica y la religiosa.

[5] recoge las discusiones e interpretaciones de los rabinos sobre las leyes, tradiciones, costumbres, leyendas e historias. El Talmud es considerado por los propios hebreos como su tradición oral.

[6] Toráh o rollos de la ley hebrea, designa la totalidad de la revelación y enseñanza divina al pueblo de Israel: los cinco primeros libros de la Biblia o Pentateuco, que según la tradición hebrea fueron escritos por Moisés y revelados por Dios en el Monte Sinaí.

[7] Las cofradías son agrupaciones de trabajadores para la defensa de sus intereses profesionales y gremiales, pero también podían tener un carácter benéfico, asistencial o de ayuda mutua. En este caso la de Hiqdes tenía la función de fomentar el culto sagrado y mantener un hospital para indigentes procurándoles un funeral digno.

[8] El rabino, además de ser miembro de la aljama, de presidir las ceremonias religiosas, interpretar las sagradas escrituras, dirigir la academia talmúdica y hacer funciones de notario dando fe de la veracidad de ciertos actos, aconsejaba a los jueces en sus deliberaciones.

[9] La mujer en la tradición rabínica ha sido infravalorada, relegándola a un papel pasivo o secundario en todas las actividades sociales, legales y religiosas, ya que la consideraban culpable de introducir el pecado en el mundo y, por tanto, era un ser impuro e inferior al varón. Sólo podía realizar labores domésticas y familiares, ya que tenía prohibido el desarrollo de cualquier ocupación profesional.

[10] Las sinagogas medievales optaron por varias soluciones: en unos casos se construyeron matroneos elevados a modo de coro frente al armario de la Toráh, que fue la más utilizada; y en otros se habilitó una habitación separada, a través de cortinas, del oratorio masculino.

[11] Aristócrata de Calatayud muy próximo al rey Martín el Humano (1396-1410), que tras la Disputa de Tortosa – que fue el debate religioso entre judíos y cristianos más importante de la Edad Media española- decidió bautizarse con el nombre de Juan Martínez de la Cabra. Esta conversión fue recompensada por el rey Fernando II en 1415 concediéndole la distinción de amprisia crucis y el título de caballero.

[12] Fue uno de los médicos más importantes de Calatayud en el siglo XIV, desarrollando su trabajo en la Corte.

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