La torre y la iglesia parroquial de San Cristóbal de Villalba actualmente son barrocas, de los siglos XVII-XVIII. La torre es muy sencilla, de dos cuerpos en ladrillo, y la iglesia, también pequeña, presenta nave única con capillas entre los contrafuertes y se cubre con bóveda de lunetos. Para su construcción se aprovechó el edificio de la antigua mezquita califal, datable en el último tercio del siglo X, y se cambió la orientación del templo.

Los vestigios de la mezquita consisten, fundamentalmente, en tres pequeños arcos de herradura que se localizaron en 1983, ocultos en el muro exterior oriental de la iglesia, que es el de la actual sacristía, con orientación noroeste-sureste. El muro está construido en sillarejo irregular de yeso unido con argamasa del mismo material. Donde realmente se pueden apreciar las características de los arcos de herradura es en el exterior de la iglesia. Erigidos también con sillarejo, hoy están cegados, carecen del enfoscado original y son desiguales entre sí, lo que parece indicar que la construcción era modesta.

Tras la llegada a España de los árabes en 711, y merced a una ocupación relativamente pacífica, se inició un rápido proceso de islamización, favorecido por las concesiones que se hicieron a la población autóctona para que se sumara a la comunidad musulmana. Los nuevos conquistadores se lanzaron a consolidar su posición de poder a través de la construcción de edificios emblemáticos, los más importantes de los cuales fueron, en la mayoría de las poblaciones, los religiosos: mezquitas con sus respectivos alminares, torres elevadas adonde se subía el almuédano o muecín para llamar, a viva voz, a los fieles a la oración.

 

Villalba de Perejil se sitúa en la ribera del río Perejiles, en una zona llana y de fértil vega. Próximo a Calatayud, también fue invadido por árabes del Yemen pertenecientes a la dinastía de los tuyibíes y formó parte del distrito calatayubí, una de las más importantes divisiones administrativas de la Frontera o Marca Superior de Al-Ándalus.

 

 

Tras la reconquista del territorio de Calatayud-Daroca por los cristianos, que se produjo como consecuencia de la victoria de éstos en la batalla de Cutanda en 1120, a los musulmanes se les ofreció la posibilidad de quedarse en el territorio conservando su religión, leyes y bienes, al objeto de evitar la despoblación del área. Muchos de ellos permanecieron en el lugar donde siempre habían vivido, aceptando su nueva condición de sometidos o mudéjares. Una de las consecuencias más significativas de la presencia del nuevo poder cristiano fue la transformación de las mezquitas en iglesias y de sus alminares en torres campanario. La situación de relativa libertad para la comunidad musulmana se mantuvo durante cuatro siglos, pero en 1526, con Carlos I, se decretó su conversión forzosa y en 1610, con Felipe III, se produjo su expulsión.

 

Las noticias documentales sobre mezquitas en Aragón son muy abundantes, pero los restos conservados son escasos y de poca entidad; incluso muchas veces es difícil localizarlos debido a la construcción de iglesias sobre ellos. Por tanto, al hablar de arquitectura religiosa musulmana en Aragón casi exclusivamente se cita el oratorio de la Aljafería. Esta dificultad es mayor en el caso de las mezquitas de ciudades importantes, fundamentalmente por la cantidad de obras que a lo largo de los siglos se llegaron a realizar en los templos cristianos. En cambio, en el ámbito rural los vestigios musulmanes no han quedado tan ocultos, y ese es el caso de Villalba de Perejil.

 

Las mezquitas rurales o de barrio que pudieron existir en Aragón tenían planta regular, de tres naves longitudinales, la central ligeramente más ancha. Las naves se disponían en sentido perpendicular al muro de la qibla, que es el que marca la dirección de La Meca (por tanto, orientado al sureste) y hacia el que el imán y los fieles deben dirigirse al rezar: en él se ubica el mihrab, nicho u hornacina en arco que representa la puerta de entrada a ciudad santa del Islam. El tamaño de las mezquitas dependía, obviamente, del tamaño de la población donde se hallaban, ya que en la oración del viernes debían dar cabida a toda la comunidad musulmana.

 

La torre y la iglesia parroquial de San Cristóbal de Villalba actualmente son barrocas, de los siglos XVII-XVIII. La torre es muy sencilla, de dos cuerpos en ladrillo, y la iglesia, también pequeña, presenta nave única con capillas entre los contrafuertes y se cubre con bóveda de lunetos. Para su construcción se aprovechó el edificio de la antigua mezquita califal, datable en el último tercio del siglo X, y se cambió la orientación del templo.

 

 

Los vestigios de la mezquita consisten, fundamentalmente, en tres pequeños arcos de herradura que se localizaron en 1983, ocultos en el muro exterior oriental de la iglesia, que es el de la actual sacristía, con orientación noroeste-sureste. El muro está construido en sillarejo irregular de yeso unido con argamasa del mismo material. Donde realmente se pueden apreciar las características de los arcos de herradura es en el exterior de la iglesia. Erigidos también con sillarejo, hoy están cegados, carecen del enfoscado original y son desiguales entre sí, lo que parece indicar que la construcción era modesta.

 

 

 

 

Las mezquitas cuentan con dos espacios diferenciados: uno cubierto, que es la sala de rezo o haram, y el patio o sahn, donde está la fuente para las abluciones que manda hacer el Corán antes de cada rezo. Generalmente, la sala de oración es un amplio espacio de planta cuadrangular o rectangular, dividido en naves a base de columnas. La función de los arcos que se conservan en Villalba parece que fue la de servir de muro de separación entre dos naves perpendiculares al muro de la qibla.

 

Por lo que respecta al alminar o minarete, se correspondería con los restos de la torre de mampostería que se halla actualmente adosada a la iglesia por el noreste. A diferencia de la mayoría, que se convirtieron en torres campanario, este alminar conserva su aspecto original por haber permanecido en desuso desde que en el siglo XVII se construyó una segunda torre en el templo.

 

Mientras la mayor parte de los minaretes de esta época se levantaron en ladrillo, el de Villalba se construyó con gruesos muros de mampostería revocados con mortero de yeso, que reducían su grosor conforme se elevaban. Esta torre es una de las más antiguas conservadas en Aragón. De planta cuadrangular, con unos 20 m2, actualmente sólo alcanza los once metros de altura. Es la planta más sencilla para la construcción de estas torres, ya que es la más fácil de ejecutar, por tanto la más barata, y también la más adecuada para adosarse a otro edificio. Generalmente, las torres de esta estructura presentan el interior hueco, con el acceso a la parte superior a través de escaleras adosadas al muro. El piso inferior, cuyo nivel está por encima de los arcos de herradura, está cubierto con bóveda de cañón apuntado y se ilumina con una saetera. La parte superior, a la que se accede desde la sacristía a través de un arco apuntado, hoy en día está hueca.

 

El alminar no está completo, ya que carece del remate original al haber sido cercenado con un tejado sencillo a una vertiente. Posiblemente el merlón, coronado con una pequeña cruz de hierro, que se conserva en el ángulo sur sea el único indicio que se conserva de la existencia de una primitiva terraza superior. Se aprecia sin embargo, a través de las huellas de los forjados de madera, que tuvo al menos dos plantas más.

 

 

Probablemente esta torre tuvo función defensiva, dados su parecido estructural con las torres militares y el hecho de que posee altura que permite un control visual de todo el valle, desde luego mayor de la necesaria para la función religiosa. Sin embargo, la presencia de decoración vidriada en sus muros indica que debió de tener además función de alminar. De los elementos decorativos originales sólo se conservan dos discos de cerámica vidriada en verde, empotrados en uno de los muros: son cóncavos, de ala vertical y perfil de ataifor (plato), y están datados entre los siglos X y XI. Por las improntas de otros tres, hoy desaparecidos, se cree que probablemente constituirían una banda horizontal alrededor de la torre. La presencia de cerámica vidriada decorativa en los edificios es característica de los edificios islámicos y mudéjares en Aragón.

 

Posiblemente tras la conquista cristiana el alminar fue acondicionado para uso de la iglesia hasta la construcción de la actual torre-campanario en época barroca, momento en el que quedó en desuso.

 

 

Fotos: Santiago Cabello (Archivo DPZ) y SIPCA
Planos y alzados: Agustín Sanmiguel Mateo

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