La casa conventual de Ambel, también conocida como convento de los Sanjuanistas o palacio de los Hospitalarios, es uno de los testimonios mejor conservados del poder que alcanzaron las órdenes militares en Aragón. La presencia de las tres comunidades: hospitalarios , templarios y los canónigos del Santo Sepulcro se constata desde el reinado de Alfonso I el Batallador (1104-1134), ya que el propio rey consideraba una lucha religiosa la Conquista del Ebro, dentro de la cruzada emprendida contra Al-Ándalus.

La casa conventual de Ambel, también conocida como convento de los Sanjuanistas o palacio de los Hospitalarios, es uno de los testimonios mejor conservados del poder que alcanzaron las órdenes militares en Aragón.

Surgen a finales del siglo XI como consecuencia de la Santa Cruzada en Próximo Oriente y estaban integradas por monjes soldados, dedicados a la lucha armada en nombre de Dios. Además de los tres votos religiosos (castidad, pobreza y obediencia) juraban el voto de las armas. Las órdenes recibían privilegios papales tales como la dispensa de impuestos o el derecho a tener sus propias capillas, clero y cementerios, lo que les permitía obtener ingresos para financiar sus actividades.

La presencia en Aragón de las comunidades: hospitalarios[1], templarios[2] y los canónigos del Santo Sepulcro se constata desde el reinado de Alfonso I el Batallador[3] (1104-1134), ya que el propio rey consideraba una lucha religiosa la Conquista del Ebro, dentro de la cruzada emprendida contra Al-Ándalus.

 

Estas órdenes tuvieron un papel relevante en la frontera del Reino de Aragón, ocupando fortalezas y enclaves musulmanes (Mesones de Isuela) o zonas limítrofes con otros reinos cristianos (Castiliscar con Navarra o Calatayud con Castilla). Su labor fundamental fue la participación en el proceso de conquista y colonización del Reino, a través de la creación de señoríos laicos y religiosos que contribuyeron de manera eficiente a la estabilización y control del territorio, encargándose de la repoblación y explotación del mismo, como pasó con Veruela (cistercienses), Añón (hospitalarios) o Novillas (templarios). Así, en una zona con actividad militar casi constante durante toda la Edad Media y coincidiendo con la reorganización del territorio se conocen las primeras noticias de Ambel (1120).

 

La posesión por la orden del temple se hizo hacia 1140, a través de la cesión de la iglesia y de otros diezmos por el obispo de Tarazona, el cual a partir de entonces perdió toda jurisdicción sobre el lugar. Sin embargo, más importante fue la donación del castrum y villam de Ambel en 1151 tras el testamento de Pedro de Atarés (fundador del monasterio de Veruela) y la intervención de Ramón Berenguer IV. A partir de entonces los freires[4] ya tenían las posesiones necesarias para instalar en Ambel una encomienda[5], que sería plenamente independiente y estaría regida por un comendador desde 1162.

 

ambel en 1350-60

Reconstrucción y vista de la fachada sur de la casa conventual hacia 1350-60.(Christopher Gerrard. Paisaje y señorío:
La casa conventual de Ambel (Zaragoza) Arqueología, arquitectura e historia de las Órdenes militares del Temple y del Hospital)

 

A mediados del XII, el castillo palacio estaba compuesto por un antiguo torreón rectangular, de origen indeterminado (romano o musulmán), situado en la zona más alta de un espolón y separado por un cortado, con fuerte desnivel, del resto de construcciones. Además constaba de diversas edificaciones de diferentes tamaños y alturas que se hallaban en una zona baja, cerca del camino y de la acequia. Ocupaba todo el conjunto una extensión de más de 1.600 m2.

 

Los freires reformaron la torre, levantando sobre la base de piedra paramentos de tapial e incluyendo una escalera de caracol interna para el acceso a las cuatro plantas, todas ellas con cubierta plana de madera. Al oeste del torreón construyeron un edificio rectangular, de unos 140 m2, que constaba de varios pisos: la planta baja, hoy subterránea, posiblemente fue granero, almacén o caballerizas; y la primera planta, a la que se accedía desde el exterior por una escalera de madera, contaba con las salas principales: refectorio o comedor y escritorio, desde donde administraban la encomienda. En el lado este se construyó otro recinto de características similares, cuya función posiblemente fue la de alojamiento de los miembros laicos de la casa conventual.

 

Los templarios[6] comenzaban su jornada a las 4 de la mañana con los maitines, a las 6 laudes y misa, a las 8 tercia y al mediodía sexta, coincidiendo con la primera comida[7] del día, a las 14 horas y media la nona, a las 18 horas las vísperas, coincidiendo nuevamente con la cena y, finalmente, completas cuando bebían agua o vino reducido y a continuación se retiraban a dormir en silencio. Este horario se adaptaba a la luz solar de las estaciones, fundamentalmente en invierno.

 

Tras la disolución de la orden templaria, el Papa Juan XXII y Jaime II de Aragón firmaron, en 1307, una concordia entregando las posesiones y bienes del Temple a los hospitalarios. Sin embargo, no se hizo efectiva la transmisión de la encomienda de Ambel hasta 1317, por lo que el palacio-convento quedó abandonado durante 10 años.

 

Poco tiempo después de la cesión a los sanjuanistas, el recinto se hallaba fuertemente fortificado, las estructuras templarias se habían fortalecido con al menos seis torres de gruesos muros de tapial, con varias plantas y accesos desde el interior. La apariencia del conjunto era de austeridad y poder, favorecida por ausencia de vanos y por los altos torreones. Aspecto que se reforzará, en el siglo XIV, con las obras de la iglesia y la casa conventual como consecuencia de la inestabilidad militar producida por la Guerra de los Dos Pedros, Pedro IV de Aragón y Pedro I de Castilla, entre 1357 y 1369.

 

El resto de los edificios templarios fueron reaprovechados por los miembros de la orden, por un lado, en la primera planta se mantuvo la función de almacén y granero y, por otro, la segunda planta fue convertida en zona residencial con patio al exterior, siguiendo el ejemplo del Hospital de Rodas. Estas construcciones progresivamente se fueron completando con estructuras agrícolas y de almacenamiento.

 

De este primer momento, a mediados del XIV, quizás la construcción más importante fuera la iglesia parroquial, que era otra de las posesiones que heredaron de los freires y, por tanto, tenían obligación de mantenerla en buen estado, ya que era uno de los símbolos más visibles del poder de la orden. Como parte destacada del conjunto, y debido a la inseguridad de la zona, la iglesia no sólo se integró adosándose por el muro norte al torreón sino que adquirió aspecto de fortaleza, como demuestra la línea de saeteras que originalmente debió recorrer toda la iglesia, pero de las que actualmente sólo se conservan unas pocas.

 

Dedicada a San Miguel, arcángel militar que derrotó al demonio, fue construida en ladrillo, material que no había sido utilizado hasta el momento en las demás edificaciones. De nave única, presenta un ábside poligonal con ventanas decoradas con motivos mudéjares, realizados posiblemente por un grupo de alarifes que trabajó en la zona y que tenía estrecha relación con la Aljafería de Zaragoza.

SAN MIGUEL AMBEL

Torre de las Reliquias. Iglesia de San Miguel

 

fachada de san miguel ambel

Fachada sur de San Miguel

 

La fachada sur de la iglesia, reformada en la segunda mitad del XVI, está dividida en tres pisos todos ellos con arcos, por lo que ahora tiene más aspecto de palacio renacentista que de edificio religioso. En la planta inferior sólo esta abierto el arco central que servía de puerta; los arcos de los otros dos pisos se correspondían con los corredores de acceso de la iglesia a la torre de Montserrat o de las reliquias[8].

 

A comienzos del siglo XV parece que la ocupación continua de Ambel por la orden militar había llegado a su fin, mencionando la documentación tan sólo a tres freires: el comendador[9], el prior y un conventual. En estos momentos, los comendadores podían poseer más de una encomienda, como ocurre con Juan Demir que regía Zaragoza y Ambel en 1405. A partir de entonces, comienza a ser habitual que no vivieran en la encomienda e, incluso, que su gestión se encargará a un administrador. Sin embargo al constituir una fuente de ingresos segura, a pesar de que la vida conventual progresivamente iba desapareciendo, Ambel fue mantenida hasta el siglo XIX reparada y en buen orden.

 

A lo largo del XVI el conjunto sufrió una incesante actividad arquitectónica, en la que destaca la impresionante barandilla mudéjar de la escalera de la casa conventual (esta escalera, que unía la iglesia con el torreón y el primer piso residencial, es uno de los pocos ejemplos conservados de yeserías mudéjares en un edificio civil) y el púlpito de la iglesia, ambos con yeso tallado; o la reforma de la zona oeste con el derribo de diferentes estructuras, lo que permitió la comunicación interna de la iglesia, el torreón y el área residencial[10], a través de un corredor Éstos corredores, frecuentes en la época, en general estaban compuestos por una galería de dos plantas. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en Ambel, que sólo se encuentra en un lateral, solían ocupar las cuatro caras del patio de los edificios civiles renacentistas aragoneses.  

 

escalera ambel

Barandilla de yeso de la escalera principal. 1504-1513. Foto Gerard

 

A la sala principal o sala de las Rodelas, cubierta por una techumbre plana con vigas de madera y bovedillas de yeso sin decoración, se accedía por una gran puerta presidida por el escudo de la familia Montserrat. Su función primordial era la de salón de recepciones, pero además fue estudio o despacho y, en ocasiones, especiales servía también de refectorio.

 

techo ambel

Techumbre de la Sala de las Rodelas. 1504-1513. Foto P. Jacobs

 

Tras estas reformas se había suavizado el aspecto general del conjunto acercándose más a la tipología de palacio renacentista aragonés que a la de fortificación militar, a través de la apertura en la fachada oeste de una galería de arquillos, que sustituían a las almenas anteriores.

 

fachada oeste de san miguel ambel

Ala oeste del convento

 

 

arcos fachada oeste

Arcos de la fachada oeste del convento

 

Con el paso del tiempo, y una vez perdida su finalidad militar, se produjeron cambios en la propia orden sanjuanista. Así, en el siglo XVII el voto de castidad paso a ser interpretado como de fidelidad matrimonial y el de pobreza como la obligación de realizar inventario de los bienes. Durante este siglo y el siguiente las reformas continuaron abriendo progresivamente el edificio al exterior, perdiendo el aspecto macizo de las fortificaciones. Pero sobre todo, destaca la nueva construcción del ala noroeste con la que se cierra totalmente el patio o luna central, tal y como se aprecia hoy.

 

A mediados del siglo XIX Isabel II firmó un concordato con la Santa Sede por el que se extinguían todos los derechos de la orden hospitalaria en España, y consecuentemente, en Ambel se pusieron a la venta y redistribuyeron todos sus bienes La iglesia fue incorporada al obispado de Tarazona en 1874, y el palacio-convento pasó a manos privadas. Esta privatización conllevó la remodelación de diferentes estancias para adecuarlas a viviendas privadas y a sus diferentes dueños.

 

graffiti ambel militar

corrida de toros ambel   grafiti v

           Dibujos a lapicero con la escena                                   Anagrama de víctor o vencedor

             de una corrida de toros

Soldado de la guerrilla española 
durante la invasión napoleónica.

 

 

Por último, no se puede terminar la visita sin que llame la atención un elemento presente en todo el conjunto y que aporta significativa información sobre hechos y personas que en algún momento estuvieron en el palacio, los grafiti.  Se localizan a lo largo de toda la casa palacio, excepto en los pisos más altos, y con una inmensa variedad de motivos[11]. Los más antiguos son los incisos y su cronología abarca desde el siglo XIII al XVI. Los graffiti pintados, ya sea con carboncillo, lápiz o con tinta roja, son predominantemente de los siglos XIX y XX.

 

 

 


[1] Caballeros de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén o sanjuanista u hospitalarios; posteriormente caballeros de Rodas y, actualmente, Caballeros de Malta. Su origen se encuentra en una comunidad religiosa que atendía a peregrinos en Jerusalén. Sus propiedades en Aragón se concentraban fundamentalmente en el valle del Ebro.

[2] Caballeros de la Orden del Templo de Salomón de Jerusalén o templarios, tiene un origen más reciente que los sanjuanistas (1127) pero se creó a imagen de estos. Dentro de los límites geográficos del Aragón actual, existían 14 encomiendas templarias.

[3] Fomentó la presencia y poder de estas órdenes a través de su testamento en 1134, cuando las nombró herederas del reino. Aunque nunca llegó a hacerse efectiva la voluntad real por la oposición nobiliaria, su fuerza creció progresivamente gracias a otras donaciones de algunos nobles aragoneses y porque Ramón Berenguer las involucró plenamente en la conquista del Bajo Aragón a través de la concesión de distintos privilegios y bienes.

[4] Con este término se designa genéricamente a los caballeros y sacerdotes de las órdenes militares.

[5] La encomienda era la base de la organización económica y administrativa de estas milicias. Al frente se hallaba el Comendador o preceptor, el cual cobraba las rentas e impuestos, administraba justicia en sus posesiones y dirigía a los caballeros en la batalla. En cambio, la vida espiritual, tanto de los miembros de la orden como de la población, estaba regida por el Prior, el capellán y los diáconos.

[6] Aunque seguían la regla benedictina, al ser monjes soldados en activo tuvieron que adaptarla eliminando distintos aspectos como el ayuno o la contemplación.

 [7] Mientras un sacerdote bendecía la mesa y un freire leía, el resto comía en silencio. A los hospitalarios, a diferencia del resto de órdenes, se les permitía comer carne tres veces a la semana.

 [8] Así llamada porque en ella se guardaban, “en un armario muy fuerte”, las reliquias de la encomienda

[9] Para alcanzar este puesto era necesario tener cumplidos los 25 años y haber sido hospitalario, al menos, durante tres años. La mayoría de los comendadores fueron ricos hombres o caballeros, muchos de familia noble o de la burguesía urbana y, en ocasiones, llegaban a constituir todo un linaje, como la familia Montserrat en el siglo XVI.

[10] En la planta sótano se situaban las letrinas, el cillero (almacén de vino, aceite y agua de consumo propio). La planta baja y primera se debió dedicar al alojamiento de los miembros de la orden y habitaciones de criados, además de alguna sala.

[11] La temática es muy variada: epigráficos, representaciones humanas o de animales, tauromaquias, marcas y anagramas variados, temas agrícolas, religiosos, militares, o navales (galeras o cocas).

Recursos Multimedia