El retablo mayor de la iglesia parroquial de San Blas en Anento, es una espléndida máquina gótica que permanece prácticamente íntegra en el mismo lugar para el que originalmente fue creado en el siglo XV, circunstancia muy poco habitual dada las transformaciones que han afectado a las iglesias a lo largo de los siglos.

El retablo fue realizado por un taller dirigido por el más afamado de los pintores del “Gótico Internacional tardío”, el aragonés Blasco de Grañén. A este valor se suma la espectacularidad de la obra tanto por el elevado número de tablas que lo componen como por su calidad pictórica y por la riqueza de su programa iconográfico, que engloba la triple dedicación a San Blas, a la Virgen de la Misericordia y a Santo Tomás Becket.

Sus escenas, minuciosamente descriptivas, revelan no solo las creencias y mentalidad de la época, sino también pormenores de la vida cotidiana como las indumentarias, los tipos humanos y los objetos domésticos.

 

 

El retablo que llena el frente del presbiterio se distribuye arquitectónicamente en un banco de once casas, cinco a cada lado de la central destinada al sagrario; cuerpo de nueve calles, con tres calles grandes de las que la central sobresale en altura, flanqueadas por colaterales de tres pisos cada una y guardapolvos (o marco protector).

En el banco de izquierda a derecha del observador, se pintaron escenas de la Pasión y Muerte de Cristo. En el cuerpo del retablo se representaron pasajes de la vida de San Blas, obispo armenio decapitado el año 316, después de haber sufrido martirio. Se le consideraba santo sanador de las enfermedades de la garganta, y protector de los labriegos y de los criadores de cerdos. También era tenido como patrón por los cardadores de lana a causa de los peines de hierro con  los que le desgarraron las carnes.

 

A la derecha del santo titular, escenas de la vida de la Virgen María (Anunciación, Nacimiento de Cristo, Epifanía, Dormición, entre otras). Y a su izquierda, pasajes de la leyenda de Santo Tomás Becket, obispo de Canterbury, cuya advocación a tierras hispanas llegó de la mano de Dª Leonor, hija de Enrique II de Inglaterra y esposa de Alfonso III de Aragón.

 
 

 

En el tercer piso, que hace las veces de ático, se dispusieron figuras de santos de devoción universal: San Miguel arcángel, Santa Catalina de Alejandría, Santa Lucía y Santa Bárbara, y los profetas David e Isaías, y dos santos con gran veneración en la provincia de Zaragoza desde la segunda mitad del siglo XV, Fabián y Sebastián. San Fabián santo patrono de los alfareros y estañeros y San Sebastián, como auxiliador contra la temida epidemia de la peste.

En el coronamiento de la calle central se colocó el calvario, según es costumbre, y en el guardapolvo los ángeles mancebos con los escudos de los comitentes de la obra, los arzobispos de Zaragoza Francisco Clemente Çapera (1415-1419) y Dalmau de Mur y Cervelló (1431-1456).

 

Posiblemente fuera iniciado en tiempos del obispo Francisco Clemente Çapera y terminado por el obispo Dalmau de Mur, por tanto se le otorga una fecha cercana a 1435. La colaboración de Blasco de Grañén con el obispado de Zaragoza, que aquí se inicia, tendría su continuidad en obras como el retablo de la Virgen de los Ángeles de la iglesia de Albalate del Arzobispo (Teruel), realizado entre 1437 y 1439.

El retablo mayor de Anento es el único retablo del taller de Grañén que ha llegado completo hasta nuestros días. Del análisis de las tablas se advierten algunas diferencias estilísticas, especialmente en el dibujo, más que en la policromía; ello permite suponer la participación de colaboradores.

El programa iconográfico es de gran complejidad, ya que junto a algunas escenas que se vuelven a encontrar en otros retablos del mismo taller, se introducen importantes novedades, tanto en el ciclo dedicado a la Leyenda de Santo Tomás Becket, como en la representación de algunas figuras de santos  poco frecuentes en sus obras.

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