PICASSO. ARTE Y ARENA

Desde el 13 de febrero hasta el 4 de mayo de 2014

HOJA DE SALA EN PDF

La vinculación de la obra gráfica de Picasso con la tauromaquia fue permanente, ya desde su primer grabado, El zurdo, de 1899, hasta sus años finales. Los toreros y, en mayor medida, el toro protagonizaron la obra gráfica picassiana  y  tuvieron  una  importante  presencia  también  en  las  cerámicas realizadas por este artista. 

Junto a las palomas, se puede considerar que la temática taurina en Picasso se debe a la influencia directa de la figura paterna, gran aficionado a la tauromaquia y que inició a Pablo, ya en su niñez malagueña, en el conocimiento de la fiesta nacional. No en vano, Picasso recordaría siempre las tardes de toros en Málaga, que protagonizan diversos dibujos de sus primeros años, junto al día en que su padre le llevó a conocer al toreo Cara Ancha, que llegó a sentar al niño en sus rodillas para que jugueteara con los alamares.

Se explica así que el mundo taurino fuera una de las presencias más constantes en la obra de Picasso, siendo sometida a interpretaciones y transformaciones que esta exposición atestigua.

De especial importancia es la serie de litografías realizadas entre diciembre de 1945 y enero de 1946 —presentes en esta muestra—, en las que Picasso procede a una paulatina y radical simplificación de la figura del toro. Junto a estas imágenes, la exposición recoge representaciones de toros limitadas a la testuz y otras que los representan de cuerpo entero o convertidos en seres alados que juguetean, además de escenas de corrida plenas de dramatismo y movimiento, junto a otras en las que recurre a la línea nítida y la figuración clasicista para recoger desnudos que juegan a los toros y que a veces son observados por personajes ataviados a la manera española, entre los que no falta un torero.

Las inquietudes taurinas de Picasso llegan a su máxima expresión en la serie de aguatintas con las que el artista ilustra La Tauromaquia o arte de torear, de José Delgado, alias Pepe Illo, un libro escrito en 1796 en el que el Palacio de SáStago,
diPutación Provincial de Zaragoza Del 13 de febrero al 4 de mayo de 2014 torero sevillano, gran seductor de públicos, quería establecer los cánones de la torería. Picasso, con un sencillo al tiempo que intenso lenguaje pictórico, realiza un recorrido poblado de toreros, caballos, capotes y tendido, en un camino por la fiesta que marca su inicio con el toro en la dehesa y culmina con la muerte del animal en la plaza. La edición constaba de 263 ejemplares, diez de los cuales estaban estampados en papel Japón antiguo y contenían,  además, dos estampas adicionales. Uno de estos preciados ejemplares, en concreto el número diez, es el que se muestra en esta exposición.

Los libros ilustrados por Picasso también testimonian su fascinación por los toros, como sucede en las estampas realizadas en 1929 para el libro de Balzac Le Chef d’œuvre inconnu, publicado en 1931. Un nuevo acercamiento al mundo taurino tiene lugar en 1949, cuando el artista centra su atención en el texto Carmen de Prosper Mérimée. Basándose en la historia de amor entre el torero y la gitana, Picasso rememora las costumbres y recuerdos de Andalucía en treinta y ocho aguafuertes que muestran figuras esquemáticas, ejecutadas con gran sencillez y limpieza de líneas.

El interés de Picasso por la cerámica nace de forma muy temprana, aunque se desarrolla plenamente a partir de 1946, cuando en una de sus estancias en el sur de Francia le cautivaron esta nueva técnica y las posibilidades plásticas y creativas que ofrecía. A partir de este momento, se dedica por completo a la creación de piezas, siendo esta continuada y fecunda hasta su muerte en 1973.

La tauromaquia es probablemente la temática más extensa en la producción de platos de cerámica de Picasso, aunque también está presente en esculturas, piezas torneadas, azulejos, vasijas, jarras, cuencos, fuentes… y todas aquellas piezas que son tocadas por las manos del genial artista malagueño.