Cerámica de Muel
La entrada del Islam en la Península atrajo la vuelta de prácticas y aspectos culturales perdidos tras la caída del Imperio Romano y dejó su particular impronta en aspectos administrativos, económicos y jurídicos, llevando consigo el bagaje del esplendor de la cultura del Medio Oriente.
Su arte, sus delicadas artesanías y el lujo de las piezas que creaban fluyeron por toda la Península contagiando sus formas y ornamentaciones. La elaboración cerámica fue una de las artes ornamentales que conservaron los musulmanes asentados en tierras posteriormente conquistadas por reyes cristianos. Los mudéjares, que así se llamaban, mantuvieron las técnicas y las decoraciones islámicas y sus alfares produjeron piezas muy apreciadas por los cristianos.
Las tierras aragonesas y, en alto grado, las zaragozanas contaban con una numerosa población mudéjar que se ocupaba en diversas actividades, entre ellas la alfarería. Muel contaba con numerosos alfares, al menos desde finales del siglo XIV, y su producción cerámica era abundante y muy estimada, siendo uno de los primeros centros de producción de la Península.




