Escultura

Del románico al barroco, la provincia de Zaragoza conserva numerosos conjuntos escultóricos de gran calidad, testimonio de una auténtica pasión narrativa combinada con la voluntad de perdurar en el tiempo. Piedra, alabastro y madera fueron los materiales preferidos por los tallistas en estas tierras, y los religiosos, los temas favoritos o más demandados. Cientos y cientos de preciosas figuras pueblan los templos de nuestros pueblos, en fachadas, relieves, capiteles, claustros, tumbas y retablos.

 

Entre los conjuntos más tempranos e impactantes conservados está el de la portada de Santa María de Uncastillo, que atesora un pequeño mundo fantástico pleno de simbología. De la finura del gótico es buena muestra la tumba del virrey Lope Ximénez de Urrea en Épila, con su sorprendente epopeya reciente; y ya en el Renacimiento se pueden escoger cientos de retablos esculpidos con una categoría que no admite apenas parangón. Por estas tierras recalaron algunos de los tallistas más famosos de Europa, dejando piezas tan impresionantes como el retablo mayor de Ibdes. Y el impulso alcanzado por las artes en esta época perdurará durante el barroco, que promovió la realización de numerosas tallas de carácter dramático, especialmente en el caso de los pasos de Semana Santa.