Goya



Francisco de Goya y Lucientes fue uno de los pocos artistas afortunados que fueron reconocidos en vida. Su formación, su ambición y su pasión ideológica le llevaron a tierras italianas, a la corte de Carlos IV, donde fue nombrado pintor de cámara del rey y más tarde al exilio en Francia.

Alejado de su tierra, objeto de amor y odio, de conflictos y satisfacciones, no pudo negar su labor como testigo y patrocinadora de sus primeras obras y ser el origen de una de sus series de grabados más famosas e inquietantes, Los Desastres de la Guerra.  La visión del castigo que sufrieron los zaragozanos y su tierra durante el sitio de Zaragoza, no sólo desencadenó la frustración de su ideal revolucionario, sino el horror por la guerra y el dolor compartido con sus más allegados.

Su obra en la provincia, a parte de algunos encargos particulares, está muy ligada al ámbito eclesiástico y se manifiesta, principalmente, en los muros y las cúpulas de iglesias como las de San Juan el Real en Calatayud, el Santuario de la Virgen de la Fuente en Muel y la basílica del Pilar, templo que alberga las espléndidas y entonces controvertidas pinturas del Regina Martyrum.