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Tras la reconquista cristiana una gran parte del territorio aragonés continuó poblado por musulmanes. A través de los distintos fueros y capitulaciones la comunidad islámica pudo mantener sus tradiciones, estructura administrativa, judicial y su religión hasta que se ordenó su conversión forzosa en 1526 y la expulsión en 1610. Ésta se debió, entre otros motivos, al miedo a su posible colaboración con el imperio otomano contra la España cristiana, ya que todavía seguían constituyendo un grupo independiente capaz de provocar rebeliones protagonizadas por algunos de los moriscos más pobres, como la de las Alpujarras granadinas o la de Pleitas en Zaragoza, etc. Por ello, no es de extrañar que continuaran existiendo abundantes mezquitas por toda la región, sin embargo a veces, resulta muy difícil identificarlas ya que la mayoría fueron consagradas como iglesias.

Exterior de la mezquita

 

 

Tórtoles es una pequeña población ubicada en una terraza aluvial en la margen izquierda de la fértil vega del río Queiles y atravesada por la acequia Selcos, lo que le confiere un gran valor agrícola. Posiblemente su origen haya que vincularlo con la salida forzosa de la población musulmana del Barrio del Cinto de Tarazona  tras la conquista de la ciudad a principios del XII. Parte de los moriscos[1] que no permanecieron el núcleo urbano turiasonense se reubicaron en este lugar aprovechando el refugio que ofrecía la existencia de una torre. Tórtoles se convirtió en un señorío particular hasta la segunda mitad del

                                                                                          Vista exterior de la mezquita de Tórtoles


XIII, cuando pasó a manos de la Corona y posteriormente fue cedido al obispado de Tarazona. A finales del siglo XV se transformó en un barrio de Tarazona.

Sobre una loma a unos 570 metros de altitud existía una torre, alrededor de la cual fue creciendo la población desde el siglo XII. Aprovechando la protección que ofrecía la fortificación, en el siglo XV, se levantó la mezquita adosada a su muro norte. Su construcción presenta dos etapas en este mismo siglo. La primera en la que se edificó la nave original con dos tramos cubiertos con armadura, y una segunda de ampliación. Se conoce la fecha de esta reforma, entre 1447-1455, por una inscripción poética[2] que se conserva en la nueva techumbre de par e hilera[3]. Esta cronología convierte a esta mezquita en la más tardía construida en Aragón, y en un claro ejemplo de esa dificultad para identificar los templos islámicos por su consagración como iglesia con el decreto de conversión forzosa en 1526.

 

La mezquita de Tórtoles sigue la tipología habitual en la Corona de Aragón. El edificio de tapial, ladrillo y mampostería configura un volumen compacto solamente roto por la apertura de una puerta y algunos vanos posteriores a su uso como mezquita.

 

Interior del edificioplanta de la iglesia de la Asunción, antigua mezquita

                 Detalle del interior de la sala                                  Plano de la iglesia de la Anunciación, antigua mezquita

 

Es un gran espacio único, de planta rectangular a modo de sala de oraciones o haram, protegido por una techumbre. La sala de oración es un espacio abierto carente de mobiliario, para que el aforo sea mayor. Únicamente se puede mencionar el minbar, situado usualmente en el muro este o qibla, que hace las veces de púlpito desde el que el imán dirige las cinco oraciones diarias.

Dos arcos diafragma apuntados, arcos característicos del gótico, dividen la planta en tres tramos reduciendo los empujes que la cubierta, de madera a dos aguas, ejerce sobre los muros. El acceso, en general, se realizaba por el lado oeste, el opuesto a la qibla o muro orientado hacia la Meca, y en este caso a través de un arco de medio punto sencillo, actualmente cegado. Sobre esta entrada se situaba un pequeño coro del que sólo han quedado algunos elementos, como su ubicación y unas tabicas[4] pintadas con blasones e inscripciones en árabe o aljamía[5]. En el interior de estos templos no se permite la reproducción de imágenes de animales (en Tórtoles hay una tabica con la reproducción de un pájaro), personas ni figuras espirituales, para que todos los asistentes centren su atención en Alá. En cambio, suele ser habitual la presencia de versos del Corán en caligrafía árabe sobre los muros para ayudar en los rezos.                                                                                         

Inscripción en árabe en el techo de la mezquita

lo mismo

Decoración epigráfica árabe con el nombre de Alá Decoración epigráfica árabe
Tabica del muro de la qibla del interior del tramo oriental de la mezquita con la inscripción árabe "taslim" (entrega)
 Tabica del muro de la qibla del interior del tramo oriental de la mezquita con la palabra árabe "muslim" que significa musulmán (el que se somete a Dios)
Tabica del muro de la qibla del interior del tramo oriental de la mezquita con la inscripción árabe "taslim" (entrega) Tabica del muro de la qibla del interior del tramo oriental de la mezquita con la palabra árabe "muslim" que significa musulmán (el que se somete a Dios)
 

Detalle de la decoración del techo

 Tabica del interior de la mezquita
  Decoración geométrica de la techumbre
 Tabica del interior de la mezquita

 

Tabica del interior de la mezquita de Tórtoles con la representación naturalista, poco frecuente en el Islam, de un pájaro apoyado sobre la viga

Tabica del interior de la mezquita de Tórtoles con la representación naturalista, poco frecuente en el Islam, de un pájaro apoyado sobre la viga



 

En el muro oriental, flanqueado por dos arcos diafragma, se conserva el mihrab orientado al sureste. El acceso se realizaba, como es tradicional, a través un arco de herradura construido con ladrillo y yeso, imitando antiguos modelos califales. Este arco representa la puerta de entrada a la Meca y sirve como punto de referencia al que se dirigen los que oran y como habitáculo para la custodia del Corán. El mihrab es un profundo nicho de planta semicircular peraltada. En el exterior se destacaba, generalmente, con una estructura cuadrangular que en este caso no se ha conservado.

 

muro de la quibla

 

Muro de la qibla 

 

Entre los restos conservados de la mezquita, destaca parte de la techumbre con decoración policroma vegetal, animal e inscripciones árabes, y los modillones exteriores del alero de tejado. 

Lo que singulariza a esta mezquita, al igual que la de Torrellas, es la utilización de tipologías de arquitectura cristiana olvidando los modelos anteriores islámicos, de forma que la orientación sagrada de la sala de oración no es la estrictamente adecuada para el Islam.

La mezquita, tras la conversión forzosa de 1526, fue consagrada como iglesia de la Anunciación. La sacralización de la iglesia implicó la construcción del altar mayor y la ejecución de decoración pictórica en la cabecera. Estuvo abierta al culto hasta principios del XVII en que se construyó la actual parroquia. En este momento se secularizó, siendo empleada para usos agrícolas hasta su reciente restauración.

 

Fotografía: Archivo de la D.P.Z, José Latova


[1] Es el nombre que recibieron los musulmanes que permanecieron en territorio cristiano.

[2] Se trata de un texto lírico profano, por lo que posiblemente la viga fue reutilizada de una casa mudéjar.

[3] Es la armadura más simple y se emplea para los tejados a dos vertientes, por lo que a veces se usaba también por encima de las bóvedas. Consiste en una serie de vigas oblicuas o pares, en cuyo extremo superior se interpone un madero longitudinal conocido como «hilera».  Es una de las soluciones de la carpintería de armar mudéjar más utilizadas en la Edad Media.

[4] También llamada contrahuella de los peldaños de la escalera, es la parte vertical en la que apoya el escalón.

[5] Es la escritura de las lenguas romances que hablaban en todo Al-Ándalus con alfabeto árabe o hebreo. El romance hablado por los moriscos se escribía con caracteres islámicos, por la gran influencia del árabe. Esta escritura tuvo que adaptarse para representar sonidos que no existen en el árabe, creando signos propios o dígrafos. Entre los textos de literatura aljamiada aragonesa que se conservan destacan diwanes o colecciones de poemas, como el de Novallas.