Pintura
Cubrir con pinturas los muros y retablos de las iglesias no respondía, ni mucho menos, a un impulso decorativo: se trataba de difundir mensajes muy concretos, plasmar gráficamente los episodios fundamentales de la fe cristiana, mover a la piedad, adoctrinar a los fieles, inducirles al amor o al temor de Dios... Sin embargo, en esas escenas coloristas y vivaces quedó representado todo un mundo cotidiano que hoy nos parece testimonio impagable del pasado: desde la indumentaria hasta el ajuar doméstico, del ideal de belleza a los detalles de la arquitectura, de las labores del campo a los referentes de la cultura imperante, es la vida en sus miles de matices la que desfila ante nuestros ojos.




