Renacimiento
La época renacentista fue una auténtica edad de oro para Aragón, y muy especialmente para Zaragoza. Desde la segunda mitad del siglo XV, y durante todo el XVI, se vivió un periodo de esplendor en lo económico y cultural que se tradujo, como claro reflejo, en todas las ramas de la producción artística. Se levantaron innumerables palacios a la italiana, con grandes portaladas en arco de medio punto, elegantes patios columnados interiores y bellos aleros volados, tallados en madera; muchos de ellos tuvieron fachadas "parlantes", esto es, decoradas con relieves que pretendían transmitir un mensaje al viandante sobre la personalidad o los valores de quienes los habitaban: justicia, paz, amor, sabiduría, belleza...
La escultura también alcanzó cotas de calidad difícilmente parangonables, con la presencia de autores de primer orden que no solo trabajaron en la capital zaragozana, sino en diversas localidades de la actual provincia, dejando testimonio de una sensibilidad artística que todavía hoy podemos disfrutar en abundantes retablos repartidos por las parroquias de nuestros pueblos. Finalmente, la pintura, aunque tal vez más discreta, mantuvo la exquisita tradición en obras religiosas que se había iniciado en el XV, con figuras muy italianizantes, pues los artistas estuvieron muy pendientes, para estar "a la última", de todo lo que llegaba de Italia.




