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Cementerios  judíos de las Cinco Villas

En las religiones mesiánicas la muerte no es el último episodio de la vida sino el paso al más allá, recompensa que da sentido al hecho mismo de la existencia terrenal. El término «casa de la eternidad» (o bet olam; aunque a veces se denomina «casa de la vida» o bet jayim) hace referencia al lugar en el que reposarán los restos del difunto hasta el día del Juicio.

 

Una de las obligaciones prioritarias de la comunidad judía era la de garantizar un entierro digno para todos sus miembros y, fundamentalmente, a aquellos que no podían costeárselo. Para ello se crearon asociaciones especiales encargadas de los ritos funerarios, llamadas jevrá kadishá. Los orígenes de estas cofradías funerarias en Aragón se remontan al siglo XIII. Entre ellas se incluían la de los cavafuesas o cavadores, la de los portadores del ataúd y la de los bañadores de los muertos.

La judería de Tarazona

La presencia de población judía en Tarazona se suele fechar en el periodo visigodo, pero debió de existir un núcleo hebreo ya en época romana. La importancia y poder de esta comunidad se afianzaron en la etapa musulmana, aunque parte de la población se trasladó a la nueva medina de Tudela en el siglo IX. Sin embargo, poco se sabe de los judíos hasta el periodo cristiano, cuando pasan a ser muy abundantes las noticias en las fuentes escritas.

 

Tras la conquista cristiana de la ciudad, en 1119, no se obligó a los hebreos a trasladar su residencia extramuros, como ocurrió con los musulmanes, de forma que mantuvieron su ubicación junto al castillo, es decir, junto al símbolo del poder político.

 

En el siglo XIII, durante la llamada Edad de Oro del judaísmo hispano, la judería de Tarazona vive una etapa floreciente, como demuestra el hecho de que un hebreo, Moshé de Portella, fuera protegido por el rey aragonés, alcanzara el cargo de baile no sólo de la aljama sino también de la ciudad y de otras urbes como Sagunto, y se convirtiera en una pieza clave para las finanzas del reino.

Las sinagogas de Calatayud

Cuando los musulmanes llegaron al valle medio del Jalón se encontraron con un territorio con escasa población y muy dispersa. Necesitaron vertebrar el espacio no sólo para su defensa sino también para garantizar la cohesión y estabilidad social. El Castillo de Ayyub se convirtió en el eje neurálgico de esta planificación. Para conseguir lo primero se construyó una red de fortalezas o puestos militares de vigilancia para la protección y reagrupación de la población dispersa. Para lo segundo fomentaron la conversión al Islam de la población autóctona (judíos y cristianos), acto muy ventajoso ya que implicaba la obtención de bienes y tierras en propiedad y un rápido enriquecimiento personal. Con ello se buscaba la ocupación pacífica, la islamización progresiva y un gobierno estable.

Daroca, urbanismo bajomedieval

Daroca de origen musulmán, por su posición geográfica en el centro del valle del Jiloca, fue creada para ayudar a vertebrar el territorio y desarrollar su sistema de relaciones económicas. La ubicación responde a motivos estratégicos, por ser un importante nudo de comunicación; también a una finalidad defensiva y a la necesidad de establecer un centro económico, político y administrativo que organizase la dispersa vida del valle.

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